Un relato cósmico aderezado de un elenco multiestelar.
Asteroid City (2023) dir. Wes Anderson
De un cierto tiempo hacia el presente, digamos varios meses, el nombre de Wes Anderson ha recobrado importancia en las redes sociales, y esto se debe al famoso trending de cómo se verían ciertas películas si las dirigiera el cineasta texano, que con la ayuda de una app de inteligencia artificial, transformaba fotogramas de otras cintas en un intento de imitación del estilo de Anderson.
Pero la tendencia no solo se quedó ahí, sino que escaló al grado de, especialmente en la plataforma de tik tok, crear videos de situaciones cotidianas pero filmadas con el estilo del director. Esto por supuesto no fue del total agrado de Wes, pues se cansó de que le muestren videos cortos donde se intenta replicar su estilo.
Bajo este contexto se resalta esta anomalía virtual, especialmente por la atención que se le dio al responsable de grandes trabajos como El Fantástico Sr. Zorro (2009), pues su particular estilo de dirección ha logrado ser identificable a primera vista. Dos años después de su último trabajo con La Crónica Francesa (2021), la cual no gozó de la relevancia idónea, Wes regresa nuevamente para maravillar a sus fieles seguidores con Asteroid City (2023), película que cuenta con un relato cósmico integrado por un elenco de ensueño.
(L to R) Tom Hanks as Stanley Zak, Hope Davis as Sandy Borden, Tony Revolori as Aide-de-Camp, and Liev Schreiber as J.J. Kellogg in writer/director Wes Anderson’s ASTEROID CITY, a Focus Features release. Credit: Courtesy of Pop. 87 Productions/Focus Features
Planteando el argumento, este se sitúa en una ciudad ficticia, Asteroid City en 1955, donde se lleva a cabo el festival Junior Stargazer Convention, dedicado a la observación de fenómenos astronómicos, celebrado debido a que en el desierto de esta ciudad prácticamente inhabitable, cayó un asteroide que le da su respectivo nombre. Durante las actividades de la convención, el avistamiento de vida extraterrestre provocará un caos cósmico a cada visitante y residente de la ciudad que por supuesto, va a sacudir al mundo entero.
Un argumento lo suficiente insólito y peculiar que solo un cineasta como Anderson pudo idear, escribir y dirigir bajo su distintivo sello.
Dentro de esta narrativa vemos cómo se entrelazan los personajes. Por un lado, tenemos a Augie Steenbeck, fotógrafo y padre de 4 que recién quedó viudo. Un auténtico Jason Schwartzman retrata la conmoción de no saber cómo decirles a sus hijos que su madre no va volver. Por el otro lado, está Midge Campbell, actriz con crisis existenciales acerca de su carrera. Aquí vemos la belleza de Scarlett Johansson en su dualidad de madre y artista. El resto de los personajes entran y salen de pantalla para aderezar el relato que se va convirtiendo en un cúmulo de situaciones hilarantes.
Si se nombrara al multiestelar elenco que compone Asteroid City, la reseña abarcaría casi todo el texto en nombrarlos. Se puede hacer un resumen acerca del desempeño de todos los histriones en conjunto, pues cada uno cuenta con una participación fugaz en algunos casos, y en otras un poco más extensas. Se debe destacar la hazaña en los nombres que Wes pudo fichar para este largometraje, siendo un ensamble soñado para cualquier director y para cualquier cinéfilo verlo en pantalla.
Scarlett Johansson in director Wes Anderson’s ASTEROID CITY, a Focus Features release. Credit: Courtesy of Pop. 87 Productions/Focus Features
A pesar de contar con este impresionante apartado, un gran deleite de apreciarlo en una sala de cine, el impacto de la historia se desvanece en el espectador, debido a las múltiples conexiones entre los personajes, de los cuáles sus relaciones no logran explorarse a profundidad, desperdiciando el enorme potencial que existe en sus interacciones.
No obstante, como es costumbre, el estilo y sello característico de Wes está ahí. Desde su genial puesta y movimientos de cámara, hasta su saturada paleta de colores en su fotografía, el apartado técnico es un agasajo audiovisual.
Al final, Asteroid City (2023) no llega a impactar al nivel de El Fantástico Sr. Zorro (2009), Isla de Perros (2018), El Gran Hotel Budapest (2014) o Un Reino Bajo la Luna (2012) por citar ejemplos de la década pasada, pero aquellos fieles seguidores del director van a disfrutar de un viaje extra divertido con una invitación a reconsiderar nuestros vínculos más personales.
El pasado 6 de julio, la Cineteca Nacional fue sede de la función y conferencia de prensa de «Blanquita», la más reciente película del director Fernando Guzzoni, una coproducción entre Netflix, Chile, Francia, Luxemburgo y México. Acompañado del productor Pablo Zimbrón Alva, y del periodista de cine Arturo Magaña Arce, Guzzoni expuso los aspectos más destacados y desafiantes de esta obra, ganadora del premio al Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine de Venecia 2022 y seleccionada por Chile para contender como mejor película extranjera en los premios Oscar.
Basada en hechos reales, «Blanquita» nos sumerge en la historia de Blanca, una joven de 18 años que vive en un albergue para menores que han sido víctimas de abuso, dirigido por el sacerdote Manuel. Cuando Manuel decide denunciar una red de trata que involucra a importantes empresarios y políticos ex-pinochetistas, se destapa un escándalo del que Blanca se vuelve la principal protagonista. Pese a que el caso va evolucionando a favor de las víctimas, un repentino cambio de Fiscal hará que el testimonio de Blanquita empiece a tambalearse.
Blanquita (2023) dir. Fernando Guzzoni
En pocas palabras, y sin spoilers, «Blanquita» explora el conflicto derivado de una ética difusa. En esta película se desafía el compromiso que, por convención, tenemos con la verdad (imperativo categórico), y se considera la posibilidad de que una mentira, en determinadas circunstancias, pueda convertirse en un instrumento de justicia (utilitarismo). Además, la relación de Blanca con el sacerdote Manuel plantea preguntas sobre los excesos a los que se puede llegar cuando se busca la justicia sin freno y hasta por vanidad.
Con un guion sólido, una cinematografía impecable y la cuidadosa dirección de Guzzoni, «Blanquita» es, sin duda, una película imperdible y una alternativa al cine de consumo que veremos desfilar este verano. Pese a que trata temas complejos que podrían llegar a ser fuertes para algunos espectadores, el director no cede a la comodidad de los lugares comunes en este tipo de filmes; por ejemplo, el uso injustificado de violencia gráfica. En términos narrativos, el trato que se le da a las víctimas es muy cuidadoso, pues tampoco cae en la revictimización.
Lejos de lo estrictamente cinematográfico, este trabajo tiene una cualidad destacable: es una película honesta. Es de admirarse la autenticidad con la que Guzzoni construye a sus personajes, renunciando a la complacencia y al maniqueísmo, dándoles dimensión a través de sus humanas contradicciones. Esto, aunque parezca la norma, es de hecho cada vez más raro, gracias a la cultura de la cancelación. Gran parte del cine de denuncia actual es vulgarmente panfletario y carente de autocrítica. Por eso, se agradecen profundamente visiones valientes, como la de Guzzoni.
Blanquita (2023) dir. Fernando Guzzoni
En conferencia de prensa, uno de los asistentes le preguntó a Guzzoni si no consideraba que su película le daba un mensaje incorrecto y desalentador a las víctimas de abuso que buscan la impartición de justicia, a lo que el director respondió (con otras palabras, que me permito parafrasear) que dar mensajes moralizantes no es la responsabilidad de un cineasta, sino retratar la realidad con toda su crudeza y complejidad. Y eso, lectores, es la forma correcta de hacer cine.
Blanquita se estrenará el próximo 13 de Julio en las salas de todo el país, y, por supuesto, en la Cineteca Nacional.
Post Mortem: Fotos del Más Allá (2021) dir. Péter Bergendy
«Post Mortem: Fotos del Más Allá» es una película de terror sobrenatural dirigida por Peter Bergendy y producida en Hungría en el año 2020. Destaca el hecho de que esta película fue seleccionada como la entrada húngara para competir en la categoría de Mejor Largometraje Internacional en los 94 Premios Óscar. La trama se desarrolla durante el final de la Primera Guerra Mundial y sigue la historia del soldado alemán Tomás, quien es dado por muerto en el campo de batalla, pero regresa a la vida tras de experimentar una visión de una niña (Anna). Después de la gran guerra, Thomás se une a una feria itinerante, en la que se desempeña como fotógrafo post-mortem. Entre sus viajes, Tomás se reencuentra con Anna, esta vez cara a cara, quién le pide ir a fotografiar a los difuntos de su pueblo, una pequeña comunidad húngara afectada por una pandemia y plagada de fantasmas, con el fin de que estos puedan alcanzar la paz.
El diseño de producción de este filme es notable, ya que logra recrear de manera efectiva la atmósfera de los pueblos húngaros afectados por la guerra, transmitiendo una sensación de tierra estéril, olvidada, puritana y en constante duelo. De hecho, la película en sí misma podría entenderse como una metáfora del sufrimiento de los pueblos húngaros a lo largo de la historia europea. Los esfuerzos del departamento de foto, arte y vestuario se reflejan en la creación de este entorno. Además, el maquillaje también es algo destacable en este trabajo, especialmente cuando se utiliza para dar un aspecto macabro a los cadáveres fotografiados por Tomás. Los efectos especiales, por otro lado, son modestos, pero cumplen en no dar una sensación de falsedad.
Post Mortem: Fotos del Más Allá (2021) dir. Péter Bergendy
A pesar de todo lo anterior, la historia en sí no ofrece nada fuera de lo común y recurre a los lugares comunes del cine de terror. Esto sin contar que la trama avanza a través de una serie de acontecimientos predecibles y convenientes, sin ofrecer grandes momentos de suspenso o giros inesperados. La idea de utilizar la fotografía analógica como eje narrativo prometía mucho, pero desafortunadamente se abandona rápidamente en favor de mostrar espectros sin dejar espacio para la sugerencia. Cabe mencionar que esta película presenta ciertos elementos que evocan por momentos a «Sleepy Hollow» de Tim Burton.
En resumen, «Post Mortem: Fotos del Más Allá» es una película en la que se nota el esfuerzo del equipo de producción y es técnicamente sólida. Sin embargo, presenta deficiencias en el guion al contar una historia lineal y predecible, y no logra generar situaciones de suspenso efectivas. Aunque este filme no logra convencer en su totalidad, es importante reconocer y apoyar este tipo de esfuerzos cinematográficos, pues son una valiosa alternativa a la hegemonía del cine de terror estadounidense, el cual a menudo carece de calidad, pero es consumido masivamente debido a estrategias de marketing y a su posición de monopolio en la industria.
«Post Mortem: Fotos del Más Allá» s actualmente está disponible en cines mexicanos.
Entre imágenes familiares, heridas y la inherente necesidad creadora del ser humano nos enfrentamos al Teorema de Tiempo
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Andrés Kaiser creció con la idea de que su abuelo Arnoldo había sido un músico exitoso gracias a una fotografía de antaño, que lo mostraba a él y a una banda de muchachos sonrientes detrás de instrumentos clásicos de una big band orchestra, entre ellos un bombo de batería con las palabras “Kaiser y su famosa orquesta”. Las fotografías (y más las fotografías de álbum de hace años) no mienten, ¿verdad? Son lo que son a pesar del paso del tiempo. Andrés meramente observó e interpretó lo que los datos visuales le revelaban: el porte y la expresión satisfecha de su abuelo, rodeado de sus compañeros artistas, daba indicios de esa particular felicidad que sólo se evidencia cuando uno hace lo que es feliz haciendo.
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Para el resto de su familia, sin embargo, esta imagen era un juego creativo más del abuelo Arnoldo, quien fue conocido por muchos años en San Luis Potosí como el dueño de una imprenta de libros contables por profesión…y nada más. Afortunadamente, la vida y el arte conducen a Andrés Kaiser hacia el edificio del negocio tras la muerte de su abuela Anita, en donde entre máquinas, cuadernos y recuerdos marcados por tinta y polvo, encuentra una cantidad exorbitante de fotografías y películas caseras. Este material lo guía hacia una nueva realidad que antes había sido inimaginable: además de impresores, su abuelo y abuela maternos fueron prolíficos cineastas caseros, y su abuelo Arnoldo se desempeñó, a veces con claridad y en otras ocasiones probablemente sin haberlo distinguido, como creador y personaje de tales fantasías.
Lo que llevo escrito pareciera ya tener los elementos para la sinopsis de una película de misterio, pero no es así: Andrés Kaiser, reconocido director mexicano contemporáneo (Feral) recopila, organiza y saca a la luz (junto con el editor Lorenzo Mora) invaluables archivos y horas de material audiovisual para compartirnos su Teorema de Tiempo (México, 2022), este documental sobre su familia materna que brilló en la edición 25 del Festival Internacional de Cine de Guanajuato y en el Festival Internacional de Cine Documental de Múnich 2022, y que llega a sentirse tan íntimo con todo lo que la intimidad conlleva: la fascinación, las incertidumbres, las cercanías, y por supuesto el dolor.
Arnoldo Kaiser (nuestro “protagonista” y abuelo del cineasta), es un hombre de ascendencia suiza que contrajo matrimonio con Anita Schlittler, y que más allá de la unión conyugal parecía mantener un interés común y artístico con su compañera: la creación escénica y narrativa a través de una cámara. Arnoldo, quien ya llevaba un rato filmándose a sí mismo en sus momentos de “soledad” dentro de su amplia residencia potosina, teniendo como aliados a su cámara y un tripié, encontró en su esposa Anita a la cómplice perfecta de sus aventuras, y también directora de sus películas caseras. Como espectadores (y hasta cierto punto, como cinéfilos), podemos disfrutar de un sinnúmero de propuestas audiovisuales que nos llevan de la mano con las ocurrencias de Arnoldo; desde contemplar una actuación de cómo despierta exageradamente en la cama y narra las peripecias que vienen después, hasta disfrutar de los bailes íntimos con su esposa y las escenas teatrales que creó con sus hijos, conforme iban llegando al mundo y creciendo. Incluso los inicios y contenidos de sus materiales han sido pensados cinematográficamente: acomodos de fichas con letras a manera de stop motion nos introducen a los títulos de sus ocurrencias, y ciertas voces de las y los participantes han sido dobladas posteriormente (intuyo por ellos mismos, por Arnoldo y, quién sabe, en algún punto hasta por el mismo Kaiser). Las voces no siempre concuerdan con la persona y el sexo, detalle que nos saca una risa genuina y enternecedora. Como seres humanos, por otro lado, es como si se nos fuese develando una verdad que nos divierte, conmueve, pero que también resulta dolorosa de digerir: pareciera que Arnoldo se mostraba sólo cien por ciento Arnoldo delante de la cámara. Es por esta razón que, a pesar de haber sido un hombre de carne y hueso, nos es imposible no entenderlo también como el personaje de un largometraje; un personaje con sueños, motivaciones y carencias que, buscándolo conscientemente o no, son robadas y escupidas de vez en cuando por su cámara casera. ¿Qué es verdad y qué no lo es durante y dentro de estos rodajes? ¿Las puestas en escena son meras creaciones con el fin de interpretarse? ¿La vida familiar de los Kaiser es siempre idílica y envidiable? ¿La existencia de Arnoldo gira alrededor de un guión predeterminado, o es su vida la que alimenta este duradero y cambiante argumento?
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Al principio de la cinta, cuando Andrés Kaiser nos comparte que su abuelo Arnoldo soñaba con convertirse en músico e intérprete, y que deseaba establecerse en Nueva York para perseguir estas inquietudes, nos informa también que nuestro protagonista se establece definitivamente en San Luis Potosí para hacerse cargo de la imprenta familiar. Es en este espacio que Arnoldo decide, en vez de letras y palabras, estampar su vena artística junto con sus empleados; los viste de músicos y se toma fotos con ellos hasta con utilería, simulando una gran orquesta y sacando la sonrisa de todos los presentes. Posteriormente, hace reuniones en donde su quórum se disfraza y la cámara capta imágenes de bailes, celebración y bebidas con brindis por la felicidad. Y es que a lo largo de Teorema de tiempo nos vamos preguntado una y otra vez lo mismo: ¿es esta felicidad un reflejo fidedigno de la existencia? ¿O es una desesperada búsqueda interior a través de la cinematografía?
Lo que sí es evidentemente visible, es la titánica y ordenada labor que Andrés Káiser y Lorenzo Mora llevan a cabo para que el montaje del material familiar sea la estrella de esta producción; las diversas fotografías y filmaciones en la seguridad del hogar, durante los viajes realizados, e incluso los testimonios a voz de familiares que pudieron compartir tiempo y vida con Arnoldo y Anita, nos van ayudando a construir este rompecabezas de retratos y sentimientos en el que Kaiser intenta establecer un diálogo con un abuelo del que no tiene recuerdos sólidos. Afortunadamente, la tecnología se encuentra hoy de nuestro lado, y Kaiser ha sido capaz de digitalizar en 16 mm mucho del material obtenido para su película (por ahí dicen que incluso le quedan vastas horas en 8 mm, y estamos ansiosos por saber qué sucederá con este tesoro, que parece renacer con nuevo material cada que Kaiser vuelve a ponerle atención). El archivo completo, ya ordenado, ha sido resguardado por nuestra poderosísima Cineteca Nacional dentro de su proyecto Memoria, bajo el nombre de la Colección Kaiser.
El símbolo de la familia se ha convertido, entonces, en un monumento que “solea” pero también armoniza para poder dar sentido a las voces de hace tanto tiempo atrás, y que continúan repercutiendo hasta el presente. Pero en contraste con las imágenes poéticas y teatrales de la infancia, la adolescencia y adultez de los hijos e hijas de Arnoldo y Anita no son inmunes a la huella del tiempo, pues ni ellos mismos se salvan de este recorrido inevitable: uno de los tíos de Kaiser es obligado a pasar sus años formativos en Suiza, sintiendo la lejanía de sus tierras, sus lazos sanguíneos y de su propia percepción de la realidad; otro persigue su sueño de convertirse en piloto aviador, profesión a la que jamás se dedica (nos preguntamos con tristeza por qué), y en algún punto fallece en manos del agua; las mujeres de la familia, entre ellas la propia madre de Kaiser, evolucionan más apegadas a las expectativas de la época, y no nos atrevemos a especular acerca de sus aflicciones internas; Anita, maternando a todas las generaciones, va absorbiendo las pérdidas físicas y emocionales de quienes la rodean. El propio Arnoldo se enfrenta a vivir poco a poco su ocaso, y con éste, va dejando atrás a Arnoldo el creador, al cineasta y al relatador de historias para permanecer únicamente como Arnoldo el marido, el padre y el abuelo. Es probable (me aventuro a decir que es seguro) que esa vena de ingenio e imaginación artística haya pasado intacta de Arnoldo hacia su nieto Andrés, quien, aunque no es “autor” de esta historia, es sin dudas el conducto que la extiende y la nutre hacia nosotros.
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Cuando la cinta va acercándose a su final, y ya teniendo (aparentemente) los datos y sus conexiones más claros, nos resulta ineludible pensar en el nombre que el cineasta ha elegido para este relato: si buscamos una definición acertada, un teorema es una proposición en la que, partiendo de ciertas suposiciones, podemos afirmar de manera comprobable un resultado que, por sí mismo, no es evidente. Y es que pocas cosas de este largometraje, inundado de sentimientos, símbolos y palabras que vienen desde la experiencia y el corazón, nos son evidentes; tanto así que necesitamos del ojo clínico (y amoroso) de Kaiser para ir entendiendo las pistas de este montaje audiovisual, en el que ciertos detalles parecen verdades objetivas, y muchos otros asemejan los juegos de creación y ficción tan anhelados y reproducidos por el abuelo Arnoldo y sus secuaces. En Teorema de Tiempo,podemos afirmar de manera comprobable lo siguiente: que el ser humano tiene una inherente necesidad creadora y expresiva, y que esa necesidad nos puede orientar a entender lo más profundo de los sueños, las frustraciones y las miles de personalidades que surgen dentro de uno mismo cuando nos confrontamos a nuestra propia mirada, y a la mirada del otro. Casi al final del documental, Andrés Kaiser hace un último análisis forense de su abuelo; en una fotografía del patriarca vestido con traje elegante y sujetando un violín, todo parece ser real hasta que observamos los pequeños detalles: algunas características de la cabeza contra el fondo, el ángulo del arco del instrumento y la localización de ciertas sombras, apuntan a que la fotografía fue alterada de cierta manera. Apuntan a que la fotografía puede ser un fraude, una mentira. Pero si pensamos mejor que, por el contrario, es la reveladora de toda la verdad de un deseo interior que jamás se fue, nos damos cuenta que una imagen sí puede manifestarnos una realidad completa y compleja. Tal y como Andrés Kaiser compartió durante una entrevista en 2022, “todos tenemos una historia familiar y todos tenemos heridas. Pueden ser más evidentes o más veladas, pero todos tenemos heridas en nuestra historia, en la mía es el caso. Como yo decidí contarlo, después de muchas vueltas y de preguntarnos cómo dar un orden a un archivo tan vasto y tan inconexo, fue a través de la propia historia familiar”.
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Teorema de tiempo, documental también ganador del premio al Mejor Largometraje Mexicano en Ficmonterrey 2022, se levantó como la proyección de apertura en el 42 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, que se presentará a partir del próximo 29 de junio y hasta el 16 de julio de 2023, entre diversas cintas mexicanas e internacionales que cualquier cinéfilo de corazón necesita y debe conocer. En este caso particular, concluimos que entre juegos con la verdad y lo ficticio nos es posible revelar las inquietudes más arraigadas de nuestra persona, aunque no siempre parezca ser éste nuestro objetivo.
El 42 Foro Internacional se llevará a cabo del 29 de junio al 15 de julio, para continuar su recorrido en el Circuito Cineteca a partir del 17 de agosto. Además, desde el 26 de julio la programación tendrá un recorrido en sedes de la UNAM (Sala Julio Bracho del CCU y Cinematógrafo del Chopo), a la que se seguirán sumando más sedes
Los precios en Cineteca Nacional son los habituales, $60 entrada general, y los boletos del Foro ya están disponibles directamente en taquilla, en la app oficial del recinto o en el sitio web. Consulta toda la programación del 42 Foro Internacional en www.cinetecanacional.net
Como cada año desde sus inicios en 1980, el Foro Internacional de Cine llega a la Cineteca Nacional, para traernos lo más arriesgado y radical del cine internacional contemporáneo. Con una selección de 13 largometrajes provenientes de más de una docena de países invitados, el recinto de Xoco busca promover propuestas cinematográficas poco convencionales.
La selección de películas se presentó en conferencia de prensa el pasado lunes 19 de junio, en presencia de Alejandro Pelayo, director general de la Cineteca Nacional, y Nelson Carro, director de Difusión y Programación de la misma institución. Se destacó que este tipo de muestras son de gran relevancia para la difusión del cine, ya que ponen al alcance del público trabajos que no son fáciles de encontrar ni en salas de cine ni en plataformas de streaming. Otro dato significativo en el que se hizo énfasis es que, en la presente edición de este foro, más de la mitad de les directores son mujeres. Esto quiere decir, nos comenta Nelson, que cada vez hay más mujeres haciendo cine.
Foto: Pablo Bastida
Representando a México, e inaugurando el Foro, se proyectará la cinta “Teorema de tiempo», de Andrés Kaiser, segundo largometraje del cineasta. En “Teorema de tiempo”, Kaiser documenta parte de su historia familiar, especialmente la de sus padres, para mostrarnos que el cine, y el drama en general, son inherentes a la necesidad humana de entender nuestro papel como personajes del teatro de la realidad. Tendremos una reseña más completa al respecto próximamente; ¡estén al pendiente de nuestra página y nuestras redes!
En la conferencia, también se destacaron dos documentales: «De humani corporis fabrica» (Francia-Suiza-Estados Unidos, 2022) y «Nos vemos el viernes, Robinson» (Francia-Suiza-Irán-Líbano, 2022). El primero es un viaje al interior del cuerpo humano con ayuda de cámaras e instrumentos de alta tecnología. En palabras del propio Alejandro, se trata de una inmersión entre la belleza y el horror que, sin recurrir a elementos de ficción, nos recuerda la película “Fantastic Voyage” de Richard Fleischer. Por otro lado, «Nos vemos el viernes, Robinson» nos muestra un diálogo epistolar entres dos gigantes del cine: Jean-Luc Godard y Ebrahim Golestan.
El 42 Foro Internacional se llevará a cabo del 29 de junio al 15 de julio, para continuar su recorrido en el Circuito Cineteca a partir del 17 de agosto. Además, desde el 26 de julio la programación tendrá un recorrido en sedes de la UNAM (Sala Julio Bracho del CCU y Cinematógrafo del Chopo), a la que se seguirán sumando más sedes
Los precios en Cineteca Nacional son los habituales, $60 entrada general, y los boletos del Foro ya están disponibles directamente en taquilla, en la app oficial del recinto o en el sitio web. Consulta toda la programación del 42 Foro Internacional en www.cinetecanacional.net
Jennifer Lawrence interpreta a una millenial en supervivencia (como todos nosotros…)
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Pareciera que los millenials estuviéramos consumidos por un objetivo en común: sobrevivir. Sobrevivir a la crisis económica, a los demonios existenciales y a las corazonadas interiores que nos piden a gritos reconocer y afrontar nuestras carencias emocionales, aunque esto nos aterre. Esto es lo que, a grandes rasgos, le ocurre a Jennifer Lawrence en “Hazme el favor”, esta comedia “incómodamente divertida” de Gene Stupnitsky (Chicos Buenos, Malas Enseñanzas), en donde la actriz le da vida a Maddie y nos lleva de la mano como una millenial intensa de 32 años, algo perdida en rumbos y con la que nos podemos relacionar sin problema, en la que presionada para poder pagar la deuda que tiene sobre su casa (ya su único vínculo con su madre), termina involucrándose con un joven tímido y antisocial pero que esconde, al final del arcoíris y como un cofre de tesoros, el preciado objeto que podría poner fin a sus dificultades: ¡¡¡un auuuuuto!!! (léase con la emoción de antaño de “Atínale al precio”).
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
A través de la agradable música y los encuadres ocurrentes de la cinta, vamos conociendo la historia de Maddie, quien pasa parte de su tiempo como chofer de Uber en su pueblo natal de Montauk, Nueva York, del que nunca ha salido, y esto porque la otra parte lo invierte siendo bartender, lidiando con turistas groseros y escapando de sus corajes por medio de su tabla de surf, y mediante las pláticas y cigarrillos que comparte con sus mejores amigos, una chica embarazada (Natalie Morales) y el simpático “man child” que ésta tiene por esposo (Scott McArthur). Sin embargo, Maddie parece estar atormentada por unas de las maldiciones de la vida moderna: la falta de responsabilidad afectiva y la incapacidad para entregarse y vulnerarse en sus relaciones (léanlo otra vez sin llorar, sniff sniff).
Cuando Gary (Ebon Moss-Bachrach), un chico ghosteado y dependiente que maneja las grúas de la zona y quien, para su mala suerte, salió y se clavó con Maddie no mucho tiempo atrás, llega para confiscar su auto y parcial medio de subsistencia, Maddie se ve en la penosa necesidad de tomar una oferta de “trabajo” poco convencional: unos padres millonarios ofrecen un auto como recompensa final para una chica joven que pueda ser la pareja de un chico con problemas de socialización, y ayudarlo así a desarrollar la personalidad que le servirá para su próxima vida de universitario. Pareciera muy fácil, ¿no? Incluso tendría que ser una broma. Pero cuando Maddie llega a la lujosísima mansión veraniega Becker (tras casi morir en el cómico intento por ascender la colina con patines, pobrecilla), es que la magia cinematográfica y las armonizaciones vocales de esperanza nos introducen al elegante Buick Regal de la familia, el objeto de deseo de nuestra protagonista. Claro que, como todo objeto de deseo, el coche es mucho más que un coche; este tesoro es también independencia, triunfo, y por qué no: un muy añorado, aunque inconsciente en este punto, cambio de rumbo.
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Los Becker (interpretados por los carismáticos Matthew Broderick y Laura Benanti) son una pareja dulce y amable sumamente preocupados por la vida social de su hijo Percy (con una sólida y conmovedora interpretación de Andrew Barth Feldman). Tomemos en cuenta que lo dulce y amable no quitan ni lo whitexican, ni el hecho de que su inquietud parental trasciende los límites de la intimidad con su único hijo (pero bueno, muchos de nosotros crecimos con papás “boomers” y conocemos del asunto). Tras explicarle a Maddie que su deseo es que la chica “salga” (con todo lo que implica la palabra) con Percy, y después de hablar sin tapujos de las condiciones – para nada Percy puede enterarse del plan – y la recompensa, Maddie se viste con su mejor faceta de femme fatale y se dirige a cazar al joven de 19 años a la tienda de adopción animal en la que está trabajando.
Aquí es que tenemos la necesidad de hacer una pequeña pausa: ¿Una chica de 32 años cortejando a un chico de 19? Es cierto, ambos tienen la mayoría de edad, pero si invirtiéramos los roles de género, esta situación nos resultaría bastante difícil de dirigir, por no decir detestable (ok, pero es una comedia “incómodamente divertida”, así que intentamos mantener la atención en el objetivo principal, al que ya llegaremos). En esa tienda, Maddie conoce a Crispin, ese amigo muy extraño, pero entrañablemente confiable (y atinadamente interpretado por Jordan Mendoza), a un perro ex adicto a la cocaína (qué moderno), y poco después termina intoxicada con gas pimienta (amiga, date cuenta: ¿¿qué esperas cuando llevas a un chico de paseo en una van rentada llena de cuchillos para filetear pescados??). Tras esta singular introducción, sin embargo, nuestros protagonistas acuerdan reencontrarse. Y es en cada encuentro que Maddie trata de seducir a Percy utilizando variedad de recursos: actitudes sensuales, palabras sucias, bailes exóticos y las muestras de su atractiva silueta van apareciendo por doquier. No obstante, estos aparentes “inservibles” intentos nos van revelando que, tal y como nos estamos percatando más y más en este siglo, el sexo no es el motivante de mayor trascendencia para muchas de las relaciones humanas, y nos encontramos con una verdad dolorosa: aunque muertos de miedo y casi siempre evitándola, los humanos ansiamos la intimidad interpersonal. Es esto lo que, en palabras más simples, Percy repite a Maddie: “quiero conocerte más”, es la frase que usa antes de si quiera pensar entregarle su cuerpo a una desconocida.
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Con el paso de la cinta, también se nos va revelando que Percy exhibe las actitudes que muchas mujeres buscamos en los hombres, y que apreciamos se visibilicen a través del cine: tiene interés en conocer los afectos y dolores de Maddie, e incluso le pregunta por su consentimiento antes de darle una torpe y robótica nalgada en el trasero (eso pueden hacerlo sin preguntar dentro de una relación consensuada, chavos, pero por fines de exposición y educación se agradece un buen que una película muestre a un muchacho tan considerado). Pero lo que realmente necesita Percy, más allá de un encuentro sexual, es romper los temores hacia lo nuevo y lo inesperado de la vida, y es justamente Maddie la que parece encarnar en sí misma los deseos más profundos – aunque aterradores – del joven: en una escena excelentemente lograda, Jennifer Lawrence baila al ritmo de “Maneater” (Come Hombre) mientras que, completamente desnuda (lo cual percibimos a full a través de distintos encuadres), les cae a golpes a unos chicos imprudentes que intentan arruinar el encuentro amoroso bajo el mar de los protagonistas. Es en este momento que Maddie se consolida como la materialización de los deseos y de los temores de Percy: está súper loca, pero esta locura es al mismo tiempo estimulante y preocupante.
Lo que resulta interesante y complejo a la vez, es también observar cómo lo que empieza como un “trabajo” para Maddie, la enfrenta a sus demonios interiores: va formando un lazo con Percy, lo desee o no, y este lazo le va reflejando sus carencias afectivas. Cualquier momento de intimidad entre ellos despierta un dolor pasado y resurge la amenaza de peligro; un simple juego con un “atrapadedos” acompañado de un “así estaremos juntos para siempre”, evidencia la completa incomodidad de la protagonista hacia la intimidad. Y no está demás, pues su mismo padre, quien vive felizmente en otro sitio con su primera familia, ni siquiera ha abierto la carta que hace tantos años Maddie le envió para saber porque no lo quiere en su existencia; el dejar entrar a la gente en tu vida, por tanto, se instaura como un camino inevitable al dolor. Claro que todo esto no evita que el vínculo entre Maddie y Percy se profundice: ya sea escuchándolo cantar y tocar el piano por primera vez o crasheando en una fiesta de preparatorianos para frustrarle que pierda la virginidad con otra chica, Maddie no puede evitar sentirse vulnerable, y Percy no puede evitar sentir cómo Maddie lo va alejando por lo mismo.
El punto drástico de esta cinta llega cuando, por accidente y gracias a la bendita tecnología, Percy escucha una llamada por celular entre Maddie y sus propios padres, enterándose de todo lo que en ese momento parece ser la verdad: Maddie sólo lo está utilizando por la promesa de un auto. Tras un incómodo intento por culminar un acto sexual con Maddie que no se logra, y después de destruir el Buick Regal junto con Crispin en un arranque de furia (pero da risa, así que se le perdona), Percy vuelve a aislarse en sí mismo, mientras que Maddie repara el carro, regresa al trabajo y salva su casa (otra forma diferente de aislamiento). Pero las verdades pesadas han sido dichas y para eso no hay vuelta atrás: ahora Percy sabe que algunas conexiones vienen con un precio, y Maddie (por boca de Percy) sabe que la herida de su padre ya no puede ser pretexto para escapar de la realidad.
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Si bien su relación parece perdida, los protagonistas se encuentran previo a la partida de Percy hacia la universidad, y con unos breves pero profundos textos frente al mar y un abrazo que dice más de mil palabras, reafirman lo que los espectadores anhelábamos desde el principio (y no, no era una cogida esplendorosa): la consolidación de una amistad que los impulse a ambos a dar el siguiente paso en su vida, pero con más seguridad (porque los temores, queramos o no, suelen acompañarnos).
Con un tratamiento fresco, moderno e identificable, “Hazme el favor”, la cual estará en cines a partir de este 22 de junio, logra un final feliz para sus participantes: Maddie vende su casa a la pareja de amigos que espera un hijo, y con esto sella su destino para lanzarse a recorrer con su tabla de surf las aguas de California, un sueño de antaño que por fin se siente capaz de lograr. Con una última y emocional escena, vemos partir a Maddie y a Percy juntos, cada quien hacia su camino pero con posibilidad de reencontrarse, en lo que sin duda alguna será el último viaje de Maddie como conductora de Uber, despidiendo en la carretera las imágenes y cicatrices de un sitio seguro que por fin se atrevió a dejar atrás.
La noche del 15 de junio, entre asistentes ataviados de riguroso color negro, el Centro Cultural Bella Época fue sede de un vibrante estreno que demostró una vez más la frescura del cine joven de nuestro país. El cortometraje «Katrinas” se presentó ante un entusiasta público, mayoritariamente compuesto por familiares, amigos y ex profesores de los cineastas, cuyas felicitaciones y elogios iluminaron la velada.
Foto: Pablo Bastida
La trama del cortometraje sigue la travesía de una joven que, atrapada en un mundo de ensueño y acosada por espectros, se ve sumida en una serie de flashbacks. A medida que la historia avanza, la protagonista adquiere conciencia de cómo llegó a ese mundo y se le revela su nuevo destino y misión.
El evento fue caldeado por una interesante sesión de preguntas y respuestas con los realizadores, donde se alabó el crecimiento y la evolución de estos jóvenes cineastas, y se reconoció el aporte de este cortometraje en la lucha de las mujeres por la igualdad.
Syk Pike lleva al espectador a experimentar la necesidad de atención hasta incomodarlo.
Sick Of Myself (Noruega, 2022) Dir. Kristoffer Borgil
Todos deseamos ser notados, anhelamos distinción y atención. El mundo virtual agudizó esta necesidad por medio de las redes sociales, donde si no eres visto o reconocido, no existes. Una personalidad narcisista lleva consigo un alto concepto de la persona en sí misma, y siempre va encontrar la oportunidad para hablar de ella, incluso si llega a cruzar el límite de la cordura.
Enferma de Mí (Syk Pike, 2022) muestra la exacerbación de una sociedad que se nutre de likes y reconocimiento virtual. Signe y Thomas son una pareja poco saludable. Su necesidad por competir entre ellos y recibir más atención dentro de la élite cultural y social de Oslo los mantiene en una relación insalubre. De pronto Thomas comienza a ascender como artista contemporáneo, creando obras extraídas de mobiliario hurtado, y su creciente fama va molestar a Signe, lo que la motiva a crear un plan desquiciado para reclamar aquella atención que cree merecer.
Sick Of Myself (Noruega, 2022) Dir. Kristoffer Borgil
Para Signe cruzar el límite de la cordura no es impedimento para lograr su objetivo, y se determina a consumir una cantidad ridícula de una droga farmacéutica experimental, lo que le provoca consecuencias físicas, que ponen en riesgo su salud, pero contrario a eso, su psique solo va pensar en buscar una nueva manera para atraer miramiento, principalmente de Thomas.
El director y escritor noruego Kristoffer Borgli presenta una historia poco convencional, donde su protagonista cae en un espiral sin control de autodestrucción, lo cubre en capas de comedia y humor negro, y se proclama así misma como una sátira exagerada de nuestros tiempos.
Mediante la mirada de Signe (una fantástica y creíble Kristine Kujath Thorp), notamos la psicología del personaje, de su claro narcisismo y de esa terquedad de siempre competir con Thomas. Escenarios de esta tóxica relación se sitúan desde algo simple como acaparar la plática en una comida de amigos, hasta fingir una alergia con tal de captar la mirada de otros. Con cada momento, somos testigos de las decisiones enfermas de la protagonista, y gracias a un atinado trabajo de maquillaje, la repulsión se vuelve parte esencial para incomodar al espectador gradualmente.
Sick Of Myself (Noruega, 2022) Dir. Kristoffer Borgil
Alrededor de sus 95 minutos de duración, la ansiedad va en crecimiento, y al momento del clímax y desenlace las mentiras de Signe van a terminar por explotarle en la cara. El mensaje es claro y directo: cada vez más las personas buscan la forma de resaltar de los demás; ya sea a través de un video corto banal, o de la realización de un reto viral exponiendo su integridad y reputación, hoy en día lo que te da 5 segundos de fama en la web, es suficiente para sentir placer y autorrealización absoluta.
Syk Pike puede que exagere en magna medida esta aseveración, sin embargo, si se puede resistir al malestar de las situaciones, logra ser una efectiva e hilarante comedia anti-romántica.
Sobre ruedas, envuelta en humo de porro y al ritmo de Sunday Morning llega a las salas “Blondi”, un roadtrip sencillo y honesto que te conmoverá.
Blondi (2023) Dir. Dolores Fonzi.
“Blondi” está protagonizada, dirigida y coescrita por la talentosa y multifacética Dolores Fonzi, conocida en nuestro país por ser la mente detrás de la serie “Soy tu fan”, adaptación de la serie argentina homónima y también protagonizada por Fonzi; así que, si eres de los que se desvelaba todos los jueves viendo el Canal Once, ya te puedes dar una idea del estilo narrativo que maneja “Blondi”. Cabe destacar que, además de que “Blondi” es uno de esos curiosos casos en donde una misma persona está al frente y detrás de las cámaras, también es la ópera prima de Dolores, lo cual hace de este filme un relato sumamente interesante y personal.
A grandes rasgos, y sin spoilers, este filme nos transporta a la vida de Blondi, una madre joven, soltera y bastante liberal con un gran apego por su único hijo, quien es un talentoso dibujante en los años de adultez temprana. Blondi tiene una hermana opuesta en personalidad; es decir, una conservadora y recatada mujer de familia que, tras una crisis de la mediana edad, decide escapar de su casa sin avisarle a nadie, abandonando así a su esposo y a sus hijos. Será tarea de Blondi emprender un viaje en auto acompañada de su hijo para hacer regresar a su hermana fugada. Sin embargo, lo que pareciera ser una simple operación de rescate se volverá una coyuntura en la vida de Blondi, ya que se verá forzada a replantear la relación con su hermana y con su hijo.
Pese a ser una comedia, “Blondi” es una película de corte tan personal que termina por transmitirnos mucho sobre la perspectiva de la directora en temas tan íntimos como la maternidad, la soledad, la sororidad y las edades de la vida. Si bien es cierto que se trata de una historia rosa, sencilla y llena de clichés narrativos (tanto en guion como en lenguaje cinematográfico), esta película es muy honesta, entretenida y está muy bien lograda. “Blondi” no pretende ni aspira a ser profunda, lo cual, lejos de demeritarla, es algo que se agradece… ¿cuántas veces no hemos visto a un director fracasar por aspirar a la profundidad en un tema que no entiende (y que cree que entiende)? Después de haber sido testigos de roadtrips tan mediocres y pretenciosos como “Y tu mamá también”, lo que podemos encontrar en “Blondi” no es más que una encantadora sencillez.
Blondi (2023) Dir. Dolores Fonzi.
Solo hay dos cosas que se le pueden reprochar a esta película. La primera es que invierte demasiado tiempo planteando la situación e introduciendo a los personajes. Para cuando comienza el viaje de Blondi, la película ya va bastante avanzada. No obstante, en suma, este desliz del guion no tiene un impacto tan negativo en la paciencia del espectador, ya que la película es de ritmo rápido y bastante ligera. La segunda es un poco más relevante, y tiene que ver con la verosimilitud de la historia. La relación entre Blondi y su hijo es tan cordial, liberal y amistosa que se siente ficticia. Blodie es una madre sin ningún tipo de criterio para poner límites, y aun así educó un hijo tranquilo con un comportamiento relativamente aceptable. Además, se nos retrata a Blondi como una fumadora empedernida de marihuana, sin que esto tenga impacto en sus relaciones familiares, sociales o laborales. Tal vez a Fonzi le hizo falta convivir un poco más con adolescentes, con madres de adolescentes y con consumidores de marihuana antes de escribir el guion. Pero, bueno… ¡es una comedia!
Un bonus que tiene esta película es su banda sonora. Si eres fanático del rock clásico, encontrarás muy afortunadas las intervenciones de Velvet Underground en momentos clave de la historia. El buen uso de los recursos sonoros en este filme nos hace sentir que Blondi es una verdadera diva del rock transportada a la actualidad desde la década de los 60’s.
En resumen, “Blondi” es una película bien hecha y filmada con el corazón. Es encantadora sin llegar a ser excepcional. Si se quiere ver así, es una de esas historias hechas para divertirse, conmoverse y pasar un buen rato en el cine, pero sin sentir que tu inteligencia está siendo insultada. Lo que sí es excepcional en “Blondi”, y no puedo omitir mencionar, es la actuación de Dolores Fonzi; se siente a Dolores muy natural y cómoda con este personaje.
Sin duda Blondie es una película que te recomiendo ver. Ya está disponible en cines y próximamente estará en la plataforma de streaming de Amazon.
DOS ESTACIONES | Juan Pablo González | México – Francia – Estados Unidos | 2022 | 99 min.
Representando a México en la 73 Muestra Internacional, se proyectará, del 30 de marzo al 4 de abril, en la Cineteca Nacional, la película Dos Estaciones, del director Juan Pablo González. Dos Estaciones es el primer largometraje de ficción de este director, y ha sido galardonado en los festivales de cine de Sundance y el de Morelia.
Esta película nos introduce al mundo de María García, una mujer mexicana de edad adulta que ha heredado y dirige, por sí misma, una fábrica mediana de Tequila en los altos de Jalisco. Durante el metraje, veremos cómo María encuentra grandes dificultades para mantener a flote el legado familiar. A pesar de la ayuda de Rafaela, una mujer joven y entusiasta que se integra a su equipo y se vuelve su mano derecha, María irá presenciando cómo su tequilera va decayendo a causa de inmisericordes desastres naturales y la competencia desigual con empresas extranjeras. Al final, todo esto la orillará a tener que tomar una decisión: persistir en una misión perdida o vender su fábrica a aquellos que considera invasores.
DOS ESTACIONES | Juan Pablo González | México – Francia – Estados Unidos | 2022 | 99 min.
El estilo de narración en Dos Estaciones se llega a sentir, por momentos, de corte documental; lo cual no es necesariamente un desacierto, pero sí nos habla del género en el que se siente más cómodo y en el que se ha desenvuelto más el director. Esta película es de ritmo lento, por lo que puede llegar a parecerle monótona a algunos espectadores, sin embargo, una de sus grandes virtudes son los recursos visuales con los que construye las atmósferas. Los planos panorámicos de los altos de Jalisco, y sus cultivos de agave, son hermosos. Además, la forma en la que la cámara va siguiendo a María, en sus constantes deambulaciones, usando planos de tipo over shoulder, se siente muy bien lograda. También es destacable la forma elegante y sutil en la que se sugieren situaciones de tensión sexual entre los personajes.
DOS ESTACIONES | Juan Pablo González | México – Francia – Estados Unidos | 2022 | 99 min.
En cuanto a guion, considero que Dos Estaciones es una película que no termina de definir su tema principal. La historia pretende centrarse en la lucha de María por aferrarse al legado familiar; sin embargo, se desvía constantemente al drama personal de María: su soledad y su ambigua relación con Rafaela. La construcción del personaje de María es tal vez lo más destacable del guion; María personifica aquello que no es convencional: desempeña roles tradicionalmente masculinos, no es hegemónicamente bella y se nos sugiere que es una persona sexo-disidente. Por ello, el personaje de María funciona para sostener una premisa muy relevante en la actualidad: nuestra sociedad es hostil con todo aquello que es diferente, y lo destruye.
En general, Dos Estaciones es una película que vale la pena ver, sin ser destacable, y nos sugiere potencial de crecimiento de su director.