Hazme El Favor

Jennifer Lawrence interpreta a una millenial en supervivencia (como todos nosotros…)

Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky

Pareciera que los millenials estuviéramos consumidos por un objetivo en común: sobrevivir. Sobrevivir a la crisis económica, a los demonios existenciales y a las corazonadas interiores que nos piden a gritos reconocer y afrontar nuestras carencias emocionales, aunque esto nos aterre. Esto es lo que, a grandes rasgos, le ocurre a Jennifer Lawrence en “Hazme el favor”, esta comedia “incómodamente divertida” de  Gene Stupnitsky (Chicos Buenos, Malas Enseñanzas), en donde la actriz le da vida a Maddie y nos lleva de la mano como una millenial intensa de 32 años, algo perdida en rumbos y con la que nos podemos relacionar sin problema, en la que presionada para poder pagar la deuda que tiene sobre su casa (ya su único vínculo con su madre), termina involucrándose con un joven tímido y antisocial pero que esconde, al final del arcoíris y como un cofre de tesoros, el preciado objeto que podría poner fin a sus dificultades: ¡¡¡un auuuuuto!!! (léase con la emoción de antaño de “Atínale al precio”).

Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky

A través de la agradable música y los encuadres ocurrentes de la cinta, vamos conociendo la historia de Maddie, quien pasa parte de su tiempo como chofer de Uber en su pueblo natal de Montauk, Nueva York, del que nunca ha salido, y esto porque la otra parte lo invierte siendo bartender, lidiando con turistas groseros y escapando de sus corajes por medio de su tabla de surf, y mediante las pláticas y cigarrillos que comparte con sus mejores amigos, una chica embarazada (Natalie Morales) y el simpático “man child” que ésta tiene  por esposo (Scott McArthur). Sin embargo, Maddie parece estar atormentada por unas de las maldiciones de la vida moderna: la falta de responsabilidad afectiva y la incapacidad para entregarse y vulnerarse en sus relaciones (léanlo otra vez sin llorar, sniff sniff).

Cuando Gary (Ebon Moss-Bachrach), un chico ghosteado y dependiente que maneja las grúas de la zona y quien, para su mala suerte, salió y se clavó con Maddie no mucho tiempo atrás, llega para confiscar su auto y parcial medio de subsistencia, Maddie se ve en la penosa necesidad de tomar una oferta de “trabajo” poco convencional: unos padres millonarios ofrecen un auto como recompensa final para una chica joven que pueda ser la pareja de un chico con problemas de socialización, y ayudarlo así a desarrollar la personalidad que le servirá para su próxima vida de universitario. Pareciera muy fácil, ¿no?  Incluso tendría que ser una broma. Pero cuando Maddie llega a la lujosísima mansión veraniega Becker (tras casi morir en el cómico intento por ascender la colina con patines, pobrecilla), es que la magia cinematográfica y las armonizaciones vocales de esperanza nos introducen al elegante Buick Regal de la familia, el objeto de deseo de nuestra protagonista. Claro que, como todo objeto de deseo, el coche es mucho más que un coche; este tesoro es también independencia, triunfo, y por qué no: un muy añorado, aunque inconsciente en este punto, cambio de rumbo.

Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky

Los Becker (interpretados por los carismáticos Matthew Broderick y Laura Benanti) son una pareja dulce y amable sumamente preocupados por la vida social de su hijo Percy (con una sólida y conmovedora interpretación de Andrew Barth Feldman). Tomemos en cuenta que lo dulce y amable no quitan ni lo whitexican, ni el hecho de que su inquietud parental trasciende los límites de la intimidad con su único hijo (pero bueno, muchos de nosotros crecimos con papás “boomers” y conocemos del asunto). Tras explicarle a Maddie que su deseo es que la chica “salga” (con todo lo que implica la palabra) con Percy, y después de hablar sin tapujos de las condiciones – para nada Percy puede enterarse del plan – y la recompensa, Maddie se viste con su mejor faceta de femme fatale y se dirige a cazar al joven de 19 años a la tienda de adopción animal en la que está trabajando. 

Aquí es que tenemos la necesidad de hacer una pequeña pausa: ¿Una chica de 32 años cortejando a un chico de 19? Es cierto, ambos tienen la mayoría de edad, pero si invirtiéramos los roles de género, esta situación nos resultaría bastante difícil de dirigir, por no decir detestable (ok, pero es una comedia “incómodamente divertida”, así que intentamos mantener la atención en el objetivo principal, al que ya llegaremos).  En esa tienda, Maddie conoce a Crispin, ese amigo muy extraño, pero entrañablemente confiable (y atinadamente interpretado por Jordan Mendoza), a un perro ex adicto a la cocaína (qué moderno), y poco después termina intoxicada con gas pimienta (amiga, date cuenta: ¿¿qué esperas cuando llevas a un chico de paseo en una van rentada llena de cuchillos para filetear pescados??). Tras esta singular introducción, sin embargo, nuestros protagonistas acuerdan reencontrarse. Y es en cada encuentro que Maddie trata de seducir a Percy utilizando variedad de recursos: actitudes sensuales, palabras sucias, bailes exóticos y las muestras de su atractiva silueta van apareciendo por doquier. No obstante, estos aparentes “inservibles” intentos nos van revelando que, tal y como nos estamos percatando más y más en este siglo, el sexo no es el motivante de mayor trascendencia para muchas de las relaciones humanas, y nos encontramos con una verdad dolorosa: aunque muertos de miedo y casi siempre evitándola, los humanos ansiamos la intimidad interpersonal. Es esto lo que, en palabras más simples, Percy repite a Maddie: “quiero conocerte más”, es la frase que usa antes de si quiera pensar entregarle su cuerpo a una desconocida.

Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky

Con el paso de la cinta, también se nos va revelando que Percy exhibe las actitudes que muchas mujeres buscamos en los hombres, y que apreciamos se visibilicen a través del cine: tiene interés en conocer los afectos y dolores de Maddie, e incluso le pregunta por su consentimiento antes de darle una torpe y robótica nalgada en el trasero (eso pueden hacerlo sin preguntar dentro de una relación consensuada, chavos, pero por fines de exposición y educación se agradece un buen que una película muestre a un muchacho tan considerado). Pero lo que realmente necesita Percy, más allá de un encuentro sexual, es romper los temores hacia lo nuevo y lo inesperado de la vida, y es justamente Maddie la que parece encarnar en sí misma los deseos más profundos – aunque aterradores – del joven: en una escena excelentemente lograda, Jennifer Lawrence baila al ritmo de “Maneater” (Come Hombre) mientras que, completamente desnuda (lo cual percibimos a full a través de distintos encuadres), les cae a golpes a unos chicos imprudentes que intentan arruinar el encuentro amoroso bajo el mar de los protagonistas. Es en este momento que Maddie se consolida como la materialización de los deseos y de los temores de Percy: está súper loca, pero esta locura es al mismo tiempo estimulante y preocupante.

Lo que resulta interesante y complejo a la vez, es también observar cómo lo que empieza como un “trabajo” para Maddie, la enfrenta a sus demonios interiores: va formando un lazo con Percy, lo desee o no, y este lazo le va reflejando sus carencias afectivas. Cualquier momento de intimidad entre ellos despierta un dolor pasado y resurge la amenaza de peligro; un simple juego con un “atrapadedos” acompañado de un “así estaremos juntos para siempre”, evidencia la completa incomodidad de la protagonista hacia la intimidad. Y no está demás, pues su mismo padre, quien vive felizmente en otro sitio con su primera familia, ni siquiera ha abierto la carta que hace tantos años Maddie le envió para saber porque no lo quiere en su existencia; el dejar entrar a la gente en tu vida, por tanto, se instaura como un camino inevitable al dolor. Claro que todo esto no evita que el vínculo entre Maddie y Percy se profundice: ya sea escuchándolo cantar y tocar el piano por primera vez o crasheando en una fiesta de preparatorianos para frustrarle que pierda la virginidad con otra chica, Maddie no puede evitar sentirse vulnerable, y Percy no puede evitar sentir cómo Maddie lo va alejando por lo mismo.

El punto drástico de esta cinta llega cuando, por accidente y gracias a la bendita tecnología, Percy escucha una llamada por celular entre Maddie y sus propios padres, enterándose de todo lo que en ese momento parece ser la verdad: Maddie sólo lo está utilizando por la promesa de un auto. Tras un incómodo intento por culminar un acto sexual con Maddie que no se logra, y después de destruir el Buick Regal junto con Crispin en un arranque de furia (pero da risa, así que se le perdona), Percy vuelve a aislarse en sí mismo, mientras que Maddie repara el carro, regresa al trabajo y salva su casa (otra forma diferente de aislamiento). Pero las verdades pesadas han sido dichas y para eso no hay vuelta atrás: ahora Percy sabe que algunas conexiones vienen con un precio, y Maddie (por boca de Percy) sabe que la herida de su padre ya no puede ser pretexto para escapar de la realidad.

Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky

Si bien su relación parece perdida, los protagonistas se encuentran previo a la partida de Percy hacia la universidad, y con unos breves pero profundos textos frente al mar y un abrazo que dice más de mil palabras, reafirman lo que los espectadores anhelábamos desde el principio (y no, no era una cogida esplendorosa): la consolidación de una amistad que los impulse a ambos a dar el siguiente paso en su vida, pero con más seguridad (porque los temores, queramos o no, suelen acompañarnos).

Con un tratamiento fresco, moderno e identificable, “Hazme el favor”, la cual estará en cines a partir de este 22 de junio, logra un final feliz para sus participantes: Maddie vende su casa a la pareja de amigos que espera un hijo, y con esto sella su destino para lanzarse a recorrer con su tabla de surf las aguas de California, un sueño de antaño que por fin se siente capaz de lograr. Con una última y emocional escena, vemos partir a Maddie y a Percy juntos, cada quien hacia su camino pero con posibilidad de reencontrarse, en lo que sin duda alguna será el último viaje de Maddie como conductora de Uber, despidiendo en la carretera las imágenes y cicatrices de un sitio seguro que por fin se atrevió a dejar atrás.

«Katrinas»

Una propuesta onírico-feminista

La noche del 15 de junio, entre asistentes ataviados de riguroso color negro, el Centro Cultural Bella Época fue sede de un vibrante estreno que demostró una vez más la frescura del cine joven de nuestro país. El cortometraje «Katrinas” se presentó ante un entusiasta público, mayoritariamente compuesto por familiares, amigos y ex profesores de los cineastas, cuyas felicitaciones y elogios iluminaron la velada.

Foto: Pablo Bastida

La trama del cortometraje sigue la travesía de una joven que, atrapada en un mundo de ensueño y acosada por espectros, se ve sumida en una serie de flashbacks. A medida que la historia avanza, la protagonista adquiere conciencia de cómo llegó a ese mundo y se le revela su nuevo destino y misión.

El evento fue caldeado por una interesante sesión de preguntas y respuestas con los realizadores, donde se alabó el crecimiento y la evolución de estos jóvenes cineastas, y se reconoció el aporte de este cortometraje en la lucha de las mujeres por la igualdad.

https://www.facebook.com/katrinasshortfilm/videos/549986373196344

PABLO BASTIDA

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Enferma de Mí

Syk Pike lleva al espectador a experimentar la necesidad de atención hasta incomodarlo.

Sick Of Myself (Noruega, 2022) Dir. Kristoffer Borgil

Todos deseamos ser notados, anhelamos distinción y atención. El mundo virtual agudizó esta necesidad por medio de las redes sociales, donde si no eres visto o reconocido, no existes. Una personalidad narcisista lleva consigo un alto concepto de la persona en sí misma, y siempre va encontrar la oportunidad para hablar de ella, incluso si llega a cruzar el límite de la cordura.

Enferma de Mí (Syk Pike, 2022) muestra la exacerbación de una sociedad que se nutre de likes y reconocimiento virtual. Signe y Thomas son una pareja poco saludable. Su necesidad por competir entre ellos y recibir más atención dentro de la élite cultural y social de Oslo los mantiene en una relación insalubre. De pronto Thomas comienza a ascender como artista contemporáneo, creando obras extraídas de mobiliario hurtado, y su creciente fama va molestar a Signe, lo que la motiva a crear un plan desquiciado para reclamar aquella atención que cree merecer.

Sick Of Myself (Noruega, 2022) Dir. Kristoffer Borgil

Para Signe cruzar el límite de la cordura no es impedimento para lograr su objetivo, y se determina a consumir una cantidad ridícula de una droga farmacéutica experimental, lo que le provoca consecuencias físicas, que ponen en riesgo su salud, pero contrario a eso, su psique solo va pensar en buscar una nueva manera para atraer miramiento, principalmente de Thomas.

El director y escritor noruego Kristoffer Borgli presenta una historia poco convencional, donde su protagonista cae en un espiral sin control de autodestrucción, lo cubre en capas de comedia y humor negro, y se proclama así misma como una sátira exagerada de nuestros tiempos.

Mediante la mirada de Signe (una fantástica y creíble Kristine Kujath Thorp), notamos la psicología del personaje, de su claro narcisismo y de esa terquedad de siempre competir con Thomas. Escenarios de esta tóxica relación se sitúan desde algo simple como acaparar la plática en una comida de amigos, hasta fingir una alergia con tal de captar la mirada de otros. Con cada momento, somos testigos de las decisiones enfermas de la protagonista, y gracias a un atinado trabajo de maquillaje, la repulsión se vuelve parte esencial para incomodar al espectador gradualmente.

Sick Of Myself (Noruega, 2022) Dir. Kristoffer Borgil

Alrededor de sus 95 minutos de duración, la ansiedad va en crecimiento, y al momento del clímax y desenlace las mentiras de Signe van a terminar por explotarle en la cara. El mensaje es claro y directo: cada vez más las personas buscan la forma de resaltar de los demás; ya sea a través de un video corto banal, o de la realización de un reto viral exponiendo su integridad y reputación, hoy en día lo que te da 5 segundos de fama en la web, es suficiente para sentir placer y autorrealización absoluta.

Syk Pike puede que exagere en magna medida esta aseveración, sin embargo, si se puede resistir al malestar de las situaciones, logra ser una efectiva e hilarante comedia anti-romántica.

Carlos Huerta de Cine En 70mm

https://www.youtube.com/@CarlosHuerta68

Blondi: un roadtrip de sencillez encantadora

Sobre ruedas, envuelta en humo de porro y al ritmo de Sunday Morning llega a las salas “Blondi”, un roadtrip sencillo y honesto que te conmoverá.

Blondi (2023) Dir. Dolores Fonzi.

“Blondi” está protagonizada, dirigida y coescrita por la talentosa y multifacética Dolores Fonzi, conocida en nuestro país por ser la mente detrás de la serie “Soy tu fan”, adaptación de la serie argentina homónima y también protagonizada por Fonzi; así que, si eres de los que se desvelaba todos los jueves viendo el Canal Once, ya te puedes dar una idea del estilo narrativo que maneja “Blondi”. Cabe destacar que, además de que “Blondi” es uno de esos curiosos casos en donde una misma persona está al frente y detrás de las cámaras, también es la ópera prima de Dolores, lo cual hace de este filme un relato sumamente interesante y personal.

A grandes rasgos, y sin spoilers, este filme nos transporta a la vida de Blondi, una madre joven, soltera y bastante liberal con un gran apego por su único hijo, quien es un talentoso dibujante en los años de adultez temprana. Blondi tiene una hermana opuesta en personalidad; es decir, una conservadora y recatada mujer de familia que, tras una crisis de la mediana edad, decide escapar de su casa sin avisarle a nadie, abandonando así a su esposo y a sus hijos. Será tarea de Blondi emprender un viaje en auto acompañada de su hijo para hacer regresar a su hermana fugada. Sin embargo, lo que pareciera ser una simple operación de rescate se volverá una coyuntura en la vida de Blondi, ya que se verá forzada a replantear la relación con su hermana y con su hijo.        

Pese a ser una comedia, “Blondi” es una película de corte tan personal que termina por transmitirnos mucho sobre la perspectiva de la directora en temas tan íntimos como la maternidad, la soledad, la sororidad y las edades de la vida. Si bien es cierto que se trata de una historia rosa, sencilla y llena de clichés narrativos (tanto en guion como en lenguaje cinematográfico), esta película es muy honesta, entretenida y está muy bien lograda. “Blondi” no pretende ni aspira a ser profunda, lo cual, lejos de demeritarla, es algo que se agradece… ¿cuántas veces no hemos visto a un director fracasar por aspirar a la profundidad en un tema que no entiende (y que cree que entiende)? Después de haber sido testigos de roadtrips tan mediocres y pretenciosos como “Y tu mamá también”, lo que podemos encontrar en “Blondi” no es más que una encantadora sencillez.  

Blondi (2023) Dir. Dolores Fonzi.

Solo hay dos cosas que se le pueden reprochar a esta película. La primera es que invierte demasiado tiempo planteando la situación e introduciendo a los personajes. Para cuando comienza el viaje de Blondi, la película ya va bastante avanzada. No obstante, en suma, este desliz del guion no tiene un impacto tan negativo en la paciencia del espectador, ya que la película es de ritmo rápido y bastante ligera. La segunda es un poco más relevante, y tiene que ver con la verosimilitud de la historia. La relación entre Blondi y su hijo es tan cordial, liberal y amistosa que se siente ficticia. Blodie es una madre sin ningún tipo de criterio para poner límites, y aun así educó un hijo tranquilo con un comportamiento relativamente aceptable. Además, se nos retrata a Blondi como una fumadora empedernida de marihuana, sin que esto tenga impacto en sus relaciones familiares, sociales o laborales. Tal vez a Fonzi le hizo falta convivir un poco más con adolescentes, con madres de adolescentes y con consumidores de marihuana antes de escribir el guion. Pero, bueno… ¡es una comedia!

Un bonus que tiene esta película es su banda sonora. Si eres fanático del rock clásico, encontrarás muy afortunadas las intervenciones de Velvet Underground en momentos clave de la historia. El buen uso de los recursos sonoros en este filme nos hace sentir que Blondi es una verdadera diva del rock transportada a la actualidad desde la década de los 60’s.

En resumen, “Blondi” es una película bien hecha y filmada con el corazón. Es encantadora sin llegar a ser excepcional. Si se quiere ver así, es una de esas historias hechas para divertirse, conmoverse y pasar un buen rato en el cine, pero sin sentir que tu inteligencia está siendo insultada. Lo que sí es excepcional en “Blondi”, y no puedo omitir mencionar, es la actuación de Dolores Fonzi; se siente a Dolores muy natural y cómoda con este personaje.

Sin duda Blondie es una película que te recomiendo ver. Ya está disponible en cines y próximamente estará en la plataforma de streaming de Amazon.  

PABLO BASTIDA

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Dos Estaciones

DOS ESTACIONES | Juan Pablo González | México – Francia – Estados Unidos | 2022 | 99 min.

Representando a México en la 73 Muestra Internacional, se proyectará, del 30 de marzo al 4 de abril, en la Cineteca Nacional, la película Dos Estaciones, del director Juan Pablo González. Dos Estaciones es el primer largometraje de ficción de este director, y ha sido galardonado en los festivales de cine de Sundance y el de Morelia.

Esta película nos introduce al mundo de María García, una mujer mexicana de edad adulta que ha heredado y dirige, por sí misma, una fábrica mediana de Tequila en los altos de Jalisco. Durante el metraje, veremos cómo María encuentra grandes dificultades para mantener a flote el legado familiar. A pesar de la ayuda de Rafaela, una mujer joven y entusiasta que se integra a su equipo y se vuelve su mano derecha, María irá presenciando cómo su tequilera va decayendo a causa de inmisericordes desastres naturales y la competencia desigual con empresas extranjeras. Al final, todo esto la orillará a tener que tomar una decisión: persistir en una misión perdida o vender su fábrica a aquellos que considera invasores.

DOS ESTACIONES | Juan Pablo González | México – Francia – Estados Unidos | 2022 | 99 min.

El estilo de narración en Dos Estaciones se llega a sentir, por momentos, de corte documental; lo cual no es necesariamente un desacierto, pero sí nos habla del género en el que se siente más cómodo y en el que se ha desenvuelto más el director. Esta película es de ritmo lento, por lo que puede llegar a parecerle monótona a algunos espectadores, sin embargo, una de sus grandes virtudes son los recursos visuales con los que construye las atmósferas. Los planos panorámicos de los altos de Jalisco, y sus cultivos de agave, son hermosos. Además, la forma en la que la cámara va siguiendo a María, en sus constantes deambulaciones, usando planos de tipo over shoulder, se siente muy bien lograda. También es destacable la forma elegante y sutil en la que se sugieren situaciones de tensión sexual entre los personajes.     

DOS ESTACIONES | Juan Pablo González | México – Francia – Estados Unidos | 2022 | 99 min.

En cuanto a guion, considero que Dos Estaciones es una película que no termina de definir su tema principal. La historia pretende centrarse en la lucha de María por aferrarse al legado familiar; sin embargo, se desvía constantemente al drama personal de María: su soledad y su ambigua relación con Rafaela. La construcción del personaje de María es tal vez lo más destacable del guion; María personifica aquello que no es convencional: desempeña roles tradicionalmente masculinos, no es hegemónicamente bella y se nos sugiere que es una persona sexo-disidente. Por ello, el personaje de María funciona para sostener una premisa muy relevante en la actualidad: nuestra sociedad es hostil con todo aquello que es diferente, y lo destruye.        

En general, Dos Estaciones es una película que vale la pena ver, sin ser destacable, y nos sugiere potencial de crecimiento de su director.

PABLO BASTIDA

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¡Que viva México! (y su clasismo…)

El pasado martes 14 de marzo, en la Plaza Oasis Coyoacán (CDMX) tuvo a bien (o no) presentarse la más reciente entrega de Luis Estrada: ¡Que viva México! La lluvia, que se desató de manera imprevista, no desanimó a nadie; desde las 3 de la tarde, un considerable número de reporteros se amontonaban alrededor de la alfombra roja, decididos de obtener la nota, y arrancarle unas cuantas palabras a Poncho (Herrera), Ana (de la Reguera), Damián (Alcázar), Joaquín (Cosío), y, por supuesto, al aclamado Luis Estrada. Y, ¿cómo no?, si en los últimos años, Luis se ha consagrado como un símbolo de la crítica a la clase política mexicana desde la trinchera del séptimo arte. A Luis puede reconocérsele (honor a quien honor merece) el haber sido uno de los escasos cineastas mexicanos con la valentía de rodar ingeniosas sátiras que retratan, de pies a cabeza, los peores vicios del ejercicio del poder en México. Con títulos como La Ley de Herodes, El infierno y La Dictadura Perfecta, Luis Estrada ha logrado cuestionar e incomodar tanto al Priismo como al Panismo. Y es así, con esos antecedentes, que el director se planteó una nueva cruzada: criticar al poder en turno. Esta nueva aventura se antoja, por lo menos, compleja, ya que, sin caer en el proselitismo político, y adhiriéndome a los análisis políticos más objetivos, es innegable que este gobierno es, en muchas cosas, distinto a los anteriores, nos guste o no, para bien o para mal. Luego, surge una pregunta natural: ¿está Luis Estrada a la altura de las necesidades de esta nueva realidad política? En la modesta opinión de este cinéfilo, la respuesta es: no.

«El fallo se encuentra, justamente, en no lograr lo que ha caracterizado a Luis durante toda su carrera: la adecuada construcción de una ficción que refleje nuestra realidad política»   

En términos estrictamente cinematográficos, ¡Que viva México! es un filme que cumple, holgadamente, con los estándares mínimos de calidad. Es decir, el trabajo de cinematografía, arte, sonido, montaje, etc., es, si no destacable, al menos bastante bien cuidado. La película está salpimentada con referencias visuales muy afortunadas a otros filmes de culto, por ejemplo, París, Texas o El Lugar Sin Límites, lo cual la hace muy agradable al ojo en momentos clave. La plantilla de actores, y la dirección de estos es, sin duda, una de las mayores virtudes de esta película; entre los más destacables están, por supuesto, los papeles protagonizados por Damián y Joaquín. Pero, entonces, dados todos los ingredientes necesarios para hornear una película memorable, ¿qué es lo que falla en esta producción? En mi opinión, el fallo se encuentra, justamente, en no lograr lo que ha caracterizado a Luis durante toda su carrera: la adecuada construcción de una ficción que refleje nuestra realidad política.       

Foto: Pablo Bastida. Oculus Todo El Cine

Quienes conocen el trabajo de Luis Estrada saben que su estilo es muy peculiar: a través de la construcción de microhistorias y personajes arquetípicos, establece narrativas que pretenden imitar, en pequeño, la realidad política del país. El problema es que, en esta producción, la ficción que se construye poco tiene que ver con la vida política y, más bien, parece una comedia banalizada sobre las clases populares del México menos urbanizado. Baste decir que la primera referencia (entre las muy contadas) que se hace al presidente Andrés Manuel López Obrador sucede hasta muy entrada la película, aproximadamente después de hora y media de metraje. Antes de esta aparición, el eje que domina el ritmo de la película es la de ridiculización de la pobreza; “los pobres son sucios”, “los pobres son promiscuos”, “los pobres son perezosos”, “los pobres no son solidarios”, “los pobres quieren dádivas”, “los pobres van a llevarte a la ruina”, y un largo etcétera, son subtextos que se pueden leer repetidamente, todo con un objetivo propagandístico bastante claro: convencer al espectador de que ese “pueblo bueno”, del que tanto habla Andrés Manuel, de hecho no es tan bueno, y por tanto, debemos desconfiar de la democracia y de los programas sociales. Y sí, debe reconocerse que, también, se hacen algunas burlas a los estereotipos que corresponden a las clases medias, pero se sienten inocentes, tibias y muy condescendientes.

En esta película se confronta la meritocracia con la pobreza, lo cual, por sí mismo, sería un terreno muy fértil para desarrollar una sátira. El problema es que Luis se adhiere a una visión de la realidad social completamente alterada. Defiende el mérito, antagoniza la pobreza, y banaliza la polarización tan preocupante que se vive en el México actual. ¡Que viva México! se conforma con retratar a las clases populares como resentidas y vengativas con los (¡pobrecitos!) fifís, y esto se consolida y se resume muy bien en una frase, dicha por el patriarca, que bien podría representar toda la película: “tu fracaso es nuestra felicidad”. No voy a negar, a pesar de todo, que algunas cosas de las que se mofa este filme son, en términos muy superficiales, “ciertas” (lo sé de primera fuente, al pertenecer a las clases populares); sin embargo, lo que Luis no termina de entender es el imperativo ético de utilizar la sátira de forma responsable, para incomodar al poder y cuestionar el privilegio, y no para invisibilizar la precariedad, y volver el blanco de las burlas a un sector que, históricamente, ya ha sido muy agraviado. Dicho esto, estoy convencido de que esta película, tal como fue planteada, era completamente innecesaria.   

Foto: Pablo Bastida. Oculus Todo El Cine

Creo muy relevante aclararle al lector que, con todo esto, no pretendo hacer una defensa del Obradorismo. La cuarta transformación, como es llamada, tiene tantos errores como aciertos, y criticarla libremente no solo es un indicador de salud política, sino una actividad ineludible. El problema es que Luis Estrada no toca, ni por encima, los temas más relevantes y polémicos de la actual administración. Prefiere encasillarse en una lucha ficticia entre nacos y fifís que, además de ser profundamente clasista, y enervar la polarización, ni siquiera es de un humor ingenioso. A ratos, hasta nos recuerda filmes tan poco afortunados como Mirreyes vs Godínez, y llega a caer en la tentación de recurrir a chistes escatológicos, que son los más trillados y fáciles de todos. Ya ni decir que es un película innecesariamente larga.

Pero todo esto no debería de extrañarnos, es un resultado natural cuando se retrata sin pudor ni autocensura una realidad que no se conoce. Al igual que Michel Franco, o incluso Octavio Paz, Luis Estrada nos quiere hablar de un grupo social al cual no pertenece, y cuyas problemáticas observa desde el pedestal del privilegio. Yo creo que esta entrega nos indica que el estilo de Luis Estrada envejeció muy mal, no está a la altura de la modernidad, y nos deja una gran lección: el cine tiene que empezar a democratizarse; es decir, tiene que dejar de ser acaparado por los mismos sectores de siempre, y darle lugar a visiones diversas, auténticas, y sobre todo, con conciencia de clase.  

¡Que Viva México! se estrena este 23 de marzo exclusivamente en cines.

PABLO BASTIDA

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Nop, ¿obra maestra de Jordan Peele?

Mientras nos ahogamos un poco dentro del mar interminable de remakes de la industria cinematográfica de Hollywood y la nula creatividad en películas del género del horror con tintes de ciencia ficción como los teníamos antes con The thing (1982) y Alien (1979). Jordan Peele logra dar un levantón tremendo desde su filme Nosotros.

La productora A24 se ha dedicado a impulsar a nuevos autores cinematográficos que poseen una mirada nueva en diversos géneros cinematográficos. Han sabido romper con esas formas cinemáticas con las que estábamos dialogando desde hace ya varios años y que claramente estaba por demás desgastado. Aunque no es nueva esta nueva forma de mostrar historias, digamos que es bastante refrescante.

Ya lo he explicado varías veces qué hay directores cinematográficos: esos que funcionan conforme a lo que necesita un estudio y la taquilla. Y también hay autores: esos que contienen una visión específica respecto a un tema y hacen lo imposible por hacerla respetar… obvio con una firma estilística imborrable que desde el primer plano notas que es él o ella.

Jordan Peele, no soy fan de la totalidad de su trabajo, debo decir que es un autor de cine que se hace respetar, aún con las debilidades que su discurso social le proporciona. Aunque sí Huye es para mí hasta el momento su mejor película, con Nop logra levantar nuevamente una película efectiva gracias a que sabe dar un giro a su propia firma autoral para lograr un blockbuster al mejor estilo Shyamalan.

Con Nop, Peele se acerca cada vez más a consolidar ya no un discurso político-social, sino a ser un narrador cinematográfico que puede ofrecer algo distinto en cada proyecto que nos presente. Es lo que hacía Hitchcock desde su cine mudo: un diálogo visual con el espectador por medio de imágenes donde se necesitaba cada vez menos el diálogo hablado. Alfred decía que si la película tenía que ser explicada era totalmente un despropósito. De este modo Jordan Peele cada vez se convierte en uno de los directores norteamericanos más consistentes de los últimos años.

Nop de Jordan Peele es probablemente su segunda mejor película porque vuelve a lograr ese balance entre forma y fondo que nos había dado en Get out. Con la gran diferencia que Nop está libre de cualquier discurso social y solo es una exploración acerca de la fascinación que los seres humanos tenemos por el espectáculo y cómo este nos hace llegar a un extremo con tal de apreciarlo. Aquí Peele nos adentra en una experiencia extremadamente aterradora que nos pone de frente a uno de los fenómenos más enigmáticos que la raza humana ha estado enfrentando desde que sabemos que no estamos solos en el universo.

No es mi afán comparar a M. Night Shyamalan con Jordan Peele, sin embargo, ambos son muy parecidos en cuanto a la atmósfera provocada en sus filmes, los dos con muchos altibajos pero, logran mantener al espectador expectante de lo que va a suceder.

Al final Nop logra ser una película de autor que está destinada a ser un blockbuster con un gran estilo y terror galáctico incluido.

¡YA EN CARTELERA!

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Tren bala, acción, frenetismo y luces neón

Para ser sincero y aunque me gusta el trabajo del director David Leitch, no tenía muchas esperanzas a que me agradara esta nueva película con Brad Pitt. Desde conocer la participación de Bad Bunny como uno de los personajes, hasta que fuera desarrollada en un tren al estilo Ágatha Christie… pensé que sería un rotundo bodrio pero, no.

Mencionó a Ágata Christie porque sus historias siempre suceden en un barco o tren, mientras los personajes van de un punto a otro, pero también siempre rodeados de un misterio que funciona como un McGuffin como solo un pretexto para que se desarrolle toda la historia y se genere una intersección entre todos los personajes a modo coral.

Ladybug (Brad Pitt) es un agente secreto que se dedica a robar objetos importantes que ponen en peligro La Paz de la humanidad. Hasta que un día debe suplir a otro agente para robar un maletín que se encuentra a bordo de un tren bala en Japón. Ahí se encuentra con una serie de personajes con los que tiene que lidiar para llevar este objeto sano y salvo pero, también mantener intacta su salud mental.

Tren Bala, es probablemente una de las películas más absurdas del año. No en el sentido más peyorativo, sino realmente como una cualidad que hace que el espectador se enganche con cada uno de los personajes desde el principio. Brad Pitt aquí es el punto central con Ladybug. Un agente que ya se encuentra hastiado de su trabajo y lo que quiere es ya no matar gente y buscar las paz interior arreglando siempre las situaciones por medio de un diálogo antes de pelear o matar. Estos objetivos son yuxtapuestos con los que portan el maletín Lemon (Bryan Tyree) y Tangerine (Aaron Taylor Johnson), dos hermanos asesinos a sueldo contratados por alguien que se hace llamar La muerte blanca.

Así, Ladybug se va encontrando con cada uno de estos personajes que de alguna manera están involucrados con este maletín. Más arriba mencione la palabra “absurda”, porque todo gira alrededor de algo que no es importante, lo que importa es cada una de las intersecciones directas o indirectas que el personaje principal tiene con ellos; escenas llenas de acción, peleas excelentemente coreografíadas, etcétera.

Las escenas de acción, son muy pocas, mejor dicho dentro de la película predominan más las coreografías de peleas bien ejecutadas. Es hasta el final donde el director despliega todos sus recursos estilísticos visuales para poder rematar toda la tensión que el espectador ha venido acumulando y resulta en algo muy emocionante, pero también relevante en la filmografía de Leitch al ser, después de Deadpool, su película mejor lograda en cuanto a todos los elementos.

¿La película es buena? Un rotundo sí. ¿Me va divertir? Sí, pero debes tener gusto por este tipo de películas en las que su forma de contarse es como un va y ven en el presente convergente de todos los personajes, al pasado de cada uno de ellos, que es la razón por la cual se encuentran ahí. Esta forma de narrarse a sí misma no es nueva, me recordó mucho a películas de Tarantino como Kill Bill (2013) o Bastardos sin gloria (2009). Incluso en el montaje con el tipo de música y los planos resulta muy tarantinesca, en el sentido más positivo del adjetivo… todo esto con un “whodunit” de fondo al mejor modo de Ágatha Christie. Esta combinación, que está muy bien ejecutada, es atrapante y aunque realmente al final nada sobre el maletín importa, este juego de personajes es divertido, hilarante y con un muy buen juego de luces neón de un Japón moderno, clásico y vanguardista. ¡Todo un viaje!

YA EN CARTELERA

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La Gran Libertad

Las historias de amor son complicadas, pero cuando son frustradas por situaciones más ajenas de su control, se vuelven más complejas. “La Gran Libertad” entiende perfectamente eso y hace un retrato íntimo de una realidad.

En la Alemania de posguerra, la liberación por parte de los Aliados no significaba libertad para todos. Hans Hoffmann (Franz Rogowski) es encarcelado una y otra vez bajo el párrafo 175, una ley que penaliza la homosexualidad. A lo largo de décadas, desarrolla un vínculo improbable pero tierno con su compañero de celda Viktor (Georg Friedrich), un asesino convicto.


Basada en hechos reales, el director Sebastian Meise regresa de otra intermitencia y evidencía que sus pausas no afectan en nada a su conocimiento y calidad cinematográfica. Sumerge su historia en un ambiente horrible y monótono de una prisión, pero lo llena de pequeños gestos tiernos que son duramente castigados para Hans Hoffman. Una historia de contrastes y negaciones que muestra varias posturas y nos guía hacía una libertad inminente, pero que pone en duda la verdadera libertad interna. Un ejercicio ejecutado de la mejor manera y que demuestra problemas que se siguen viviendo en la actualidad.

La licencia poética de Sebastian Meise, y encanto que tiene este filme, es su juego narrativo detonado en el confinamiento solitario, dónde este lugar funge como una máquina del tiempo narrativa para relatar con un mayor peso dramático las situaciones de estos presos a través del tiempo.

Este drama de la posguerra depende de sus entornos y actores, quienes hacen un trabajo espectacular como Anton Von Lucke, Thomas Prenn y Georg Friedrich, sin embargo el reflector completo recae en Franz Rogowski quien consigue un tono perfecto en su protagonismo lleno de momentos felices y frustrados.

“La Gran Libertad” es un gran ejemplo de una historia memorable en su sencillez, además de llevar el estandarte del cine LGBT. Una historia verídica que merece ser escuchada.

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Elvis, la fuerza de dos hombres

No soy fan de Baz Lurhman como director, aunque debo decir que reconozco una firma en sus películas: tiene un estilo visual grandilocuente y gariboleado que sí llena la pantalla… en resumen, hace que sus películas sean dignas de verse en el cine. También puedo reconocer en él que tiene una gran habilidad para llenar de modernismo lo vintage y hacer una rara mezcla anacrónica.

Tampoco soy fan de Elvis. Conozco sus canciones más representativas y sé perfectamente que es un icono cultural norteamericano que ha trascendido varías generaciones, sin embargo, no es un cantante que escuche regularmente. Conocí más ahora de su vida con esta película que lo que sabía antes de esta.

Ya con las debidas aclaraciones debo decir que Elvis de Baz Luhrman es un trabajo visual y cinematográficamente relevante que llena de banalidad la humanidad y carencias del ser humano que fue Elvis Presley. Todo el artilugio visual que ves en pantalla distrae de lo emocionalmente relevante. Me refiero a la adicción a las drogas, la soledad por estar lejos de su familia, los excesos del medio, el divorcio con Priscilla… todo esto que pienso es relevante se difumina con el brillo del barroquismo de la forma de Luhrman. Este atascado de formas, brillos y exageración solo lo hace presuntuoso, pero creo que ahí radica la grandeza de su director.

Había momentos que debían ser muy emotivos, dolorosos e incluso penosos y no me comunicaron ninguna emoción o empatía por el personaje de Elvis, simplemente las cosas pasaban y ya. Tampoco significa que la película sea mala, dista mucho de serlo; Baz Luhrman debía adaptar su estilo en beneficio de lo que se quería contar para que el relato tomara más relevancia que todo el brillo y la exageración visual.

Retomando las escenas más emblemáticas de Elvis: Austin Butler lo hace extraordinario y aunque no se parece a Elvis, como espectador compras esta fantasía porque lo rememora en muchas maneras. Pasa lo mismo que con Mi semana con Marilyn (2011) de Simon Curtis, Michelle Williams no es nada Marilyn Monroe pero, sin duda la evoca, transporta al espectador y lo conecta con la esencia de lo que era la imagen de Marilyn.

Tom Hanks como Tom Parker, representante de Elvis, te deja sin palabras. Sabes que es Hanks pero se convierte en de inmediato en tu mente en acaparante representante. Tom Hanks es inigualable.

Elvis es en todo sentido digna de ver y de visitar varias veces sin ninguna duda. Aunque pienso que falla un poco en dejar comunicar las emociones que se ven ahogadas entre tanta parafernalia visual de Luhrman. Es grande, visual y probablemente lo mejor del director a la fecha.

¡Ya en cartelera!

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