Kore-eda renueva sus votos hacia las temáticas familiares en un cálido drama.
Broker (2023) dir. Hirokazu Koreeda
Hirokazu Kore-eda representa una de las voces y figuras japonesas más reconocidas para la industria fílmica en los últimos años. El cineasta nipón ha logrado destacar y compartir su visión a todo el mundo, con propuestas identificables para cualquier continente. Si de reconocimiento hablamos, no hay que olvidar sus múltiples nominaciones por su cinta Un Asunto de Familia (Manbiki kazoku) en 2019, que incluyó Mejor Película Internacional en los Oscar y ganador de la Palma de Oro en Cannes.
En aquella cinta, veíamos un núcleo familiar poco convencional que realizaba pequeños hurtos para subsistir, hasta que encuentran a una niña y la hacen parte de la familia. La temática enfocada en los lazos familiares se convirtió en un sello distintivo del director, que los abordaba desde De tal Padre, tal Hijo (Soshite chichi ni Naru) en 2013.
En 2022 estrenó Broker (Beurokeo) titulada en español Intercambiando Vidas, que por fin llega a México con la cual retoma este núcleo argumental de las familias inesperadas que forman un lazo emocional único.
Broker (2023) dir. Hirokazu Koreeda
El argumento de la película en su centro lleva consigo un tema delicado, polémico y controversial, pero es gracias a las vestiduras, narrativa y el tono con el que desenvuelve el ritmo que Hirokazu logra entregar una cinta emotiva y empática.
Moon So-young (Ji-eun Lee) es una joven que decide llevar a su hijo recién nacido a una iglesia familiar para darlo en adopción, pero se percata que dos hombres se dedican a robar a esos bebés de la institución para venderlos. Cuando So-young los confronta, decide unirse a ellos para encontrar una pareja que quiera comprar a Woo-sung, lo que los lleva a emprender un viaje que pondrá a prueba su moralidad y ética.
Cada personaje con un contexto y trasfondo distinto, mientras que Ha Sang-hyun (Song Kang-ho) es el líder de este grupo disfuncional, Dong-soo (Gang Dong-won) representa la voz intermediaria, lo que los hace a ambos ser estos Brokers o Intercambiantes dedicados a buscar una mejor familia para los bebés en vez de dejarlos a su suerte en el sistema de la iglesia.
Por otro lado, So-young tiene un pasado tormentoso que la está persiguiendo. Si a eso sumamos a dos agentes de la policía que están investigando una posible red de tráfico de menores, el viaje va adquirir diversas complicaciones.
La magia que logra Kore-eda en esta cinta recae en la magnífica relación entre los personajes y la sensibilidad con la que aborda temas tan delicados como la prostitución, tráfico de menores, asesinato, adopción y el más controversial relacionado al aborto. Tópicos que le pudieron dar a la cinta un tinte de thriller policiaco, pero que en manos del japonés, se transforma en un road trip cálido.
El ensamble de esta familia tan peculiar logra compaginar con la audiencia, ofreciendo a cada uno su tiempo de explorarlos y conocer su punto de vista acerca de sus motivaciones y razones de sus decisiones. Cada actuación se nutre de la atinada dirección de su autor, porque Kore-eda crea un guion con el que teje las relaciones de cada integrante, los confronta acerca de su forma de pensar y al final logra una conciliación emocional en ellos.
Abordar un tema universal pero al mismo tiempo delicado no es fácil de lograr, por ello la viabilidad de realizar esta propuesta como un road trip fue una gran opción, tocando de forma neutral el tema de la adopción por ejemplo, vemos el pensar de cada personaje y al final nosotros como espectadores realizamos la conclusión de juicio, y considero que aquí es donde recae su mayor atributo de Brokers, el darnos una cálida visión de una problemática que nos haga empatizar y comprender las distintas ópticas, llegando a debatir y concluir de acuerdo a nuestra moral y ética.
El reciente 20 de julio del año en curso se estrenó la tan esperada cinta de Barbie dirigida por la directora, escritora y actriz Greta Gerwig, reconocida por trabajos previos con ‘Lady Bird’ en 2017 y la readaptación de la novela escrita por Louisa May Alcott ‘Mujercitas’ en 2019; película misma que la catapultó rápidamente a la fama pues fue nominada y ganadora en el 2020 en los premios Oscar y Bafta dentro de la categoría de mejor diseño de vestuario.
Barbie llegó para entregarnos una trama que rompe con toda convención y expectativa impuesta por los espectadores, quienes desde los primeros avances y trailers que iban compartiendo por medio de las redes sociales se podían construir una minúscula idea de lo que podría tratarse -inclusive habían personas quiénes se tomaban el tiempo para analizar cada segundo de estos e intentar llegar a algo concreto-. Sin embargo, poco nos fue revelado y ahora que Barbie hasta el momento sigue exhibida en cines, se entiende el porqué todo se mantuvo como un secreto. Greta sabía a lo que se tendría que enfrentar, pero el público no, aún y con pistas que se nos iban dando de poco en poco -como ejemplo, los posters promocionales en los que aparecían los actores y actrices que darían vida a los personajes de Barbie con la leyenda “Ella lo es todo. Él es sólo Ken”.
No estaba claro que era con exactitud lo que se podía esperar de la película; por una parte, una cierta cantidad de espectadores daban por sentado una trama de aventuras y comedia, girada en torno a un romance entre Barbie y Ken. Pero otra parte, los espectadores que ya contaban con referencias acerca del trabajo previo de la realizadora Greta -todos ellos bajo una perspectiva feminista-, intuían que Barbie podía ir más allá de un relato soso.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
Y Greta no hizo más que entregarnos una trama atiborrada de comedia, drama, aventuras y números musicales; con un extra de críticas tanto a la sociedad actual, a la empresa Mattel, como a la muñeca misma. Un variopinto cinematográfico exquisito, pero que infortunadamente, terminó por romper con las ilusiones de las audiencias infantiles y adolescentes que anhelaban ver a una Barbie fresca, alegre y siempre victoriosa.
La cinta resultó un tanto compleja por los temas que fueron expuestos en las casi dos horas de duración del filme, por lo que para muchos fue complicada de digerir, permitiendo notar que Barbie más que para disfrutarse invita a la reflexión, y es que no existe desatino en cómo Greta quisó hablar y hacer frente ingeniosamente a temas que nos conciernen tanto a hombres como mujeres en la sociedad moderna.
Esto queda claro desde el segundo uno en que inicia la cinta: la narradora (Helen Mirren) nos da a conocer el motivo por el que el juguete de Barbie fue creada -con una inmejorable referencia a la mítica película ‘2001: Odisea en el espacio’-, niñas jugando con nenucos, siendo este juguete en parte responsable de reforzar el estereotipo de género que desde pequeñas nos enseña que nuestro papel dentro de esta sociedad es ser madres. Barbie llega significando una revolución en cuanto a ofrecer un juguete para niñas brindándonos un sinfín de actividades y profesiones a las que aspirar más allá de la maternidad. Siendo un paso a la libre elección para nosotras.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
Barbie nos sumerge dentro del mundo idílico rosado ‘Barbieland’, en el que Barbies, Kens, Alan (Michael Cera) y Midge (Emerald Fennell) viven bajo un sistema matriarcal. Observamos a Barbies ocupando distintos puestos profesionales, ejerciendo de sus pasiones hasta de cargos políticos. A quien acompañaremos a lo largo de esta travesía será a Barbie estereotípica (Margot Robbie), e iremos conociendo su cotidianidad, las relaciones e interacción que lleva con sus amigas y Ken (Ryan Gosling), su “interés amoroso” -que es más bien al revés puesto que ella rara vez muestra un afecto recíproco por él-.
Todo marcha de viento en popa: diversión, números musicales que acompañan el día a día de los personajes hasta que de un momento a otro Barbie tiene ideas de muerte. Situación que no sólo la perturba a ella, sino también a quienes la rodean, problemática que si bien le incomoda, trata de mantener la calma asegurando que es un pensamiento pasajero. No será hasta que su rutina cambia abruptamente: mal aliento, pies planos, ducha con agua de verdad, celulitis, desayuno estropeado, leche caducada y tropiezos al intentar caminar serán los motivos suficientes para externarle esta catástrofe a sus amigas, a lo que la solución que se les ocurre para que sea “reparada” es visitar a la Barbie ‘rarita’ (Kate Mckinnon), -esta Barbie es la encarnación de toda aquella muñeca a la que las pequeñas en algún momento alteraron estilizando su cabello, cara o vestimenta para obtener un estilo propio, dándole una personalidad única fuera de la barbie convencional-. Y que debido a su estilo desaliñado y splits incontrolables es marginada por la comunidad, siendo desterrada y sin alternativa, termina viviendo sola en un lejano monte.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
Al principio de la película se nos menciona que tanto el mundo real y Barbieland convergen, puesto que por las formas en cómo jueguen con ellos en la realidad de los humanos, les afectará directamente a ellos. Barbie ‘rarita’ explica que Barbie estereotípica y la niña que está jugando con ella se encuentran unidas la una a la otra, por lo que los pensamientos y emociones de la infante están repercutiendo en Barbie. En consecuencia, para saber la razón de porqué está pasando por esto y regresar a su vida normal tiene que irremediablemente viajar al mundo real para encontrarse con esta pequeña con el fin de poder ayudarla de alguna forma.
Con desgana, Barbie emprende su viaje pretendiendo que fuera un viaje por el que tuviera que aventurarse por cuenta propia, pero resulta entonces que Ken se escabulle en el carro de Barbie y a regañadientes acepta que la acompañe hacia el mundo real a condición de no resultar ser un estorbo para ella.
Una vez llegados a nuestra realidad, las dudas e incomodidades de Barbie hacia el entorno que va conociendo y experimentando no se hacen esperar, pues desde que pisa el mundo real, Barbie es víctima de piropos por albañiles con los que cruza unas palabras -escena que deja entrever lo importante que es para un hombre formar una virilidad como mecanismos de supervivencia para no ser objeto de burla o humillación de otros hombres-.
La desventura no termina ahí, pues es acosada por un transeúnte, siendo arrestada por propiciarle un puñetazo en el rostro. Suceso que nos permite observar la injusticia de sancionar a toda persona menos al responsable de haber cometido una falta. Una posición por la que las mujeres pasamos más de una vez en nuestras vidas y que, en vez de recibir justicia, se nos cuestiona y revictimiza con el argumento “tú lo habrás provocado de alguna forma”.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
En contraparte, Ken, se maravilla por un mundo en el que los hombres si son considerados como sujetos de derechos -no como en Barbieland, sitio en el que ni siquiera se sabe dónde cohabitan cada uno de los Kens-. A causa de los tropiezos por los que tienen que atravesar puesto que no cuentan con conocimientos previos acerca de cómo se maneja el mundo real, Barbie experimenta emociones que nunca antes había sentido, y es en esa conexión con su yo interno que se sensibiliza y conecta con su entorno. Será con sus emociones a flor de piel que logra dar con la niña que ha estado jugando con ella y se dirige hacia su escuela, -no sin antes cruzar unas palabras con Barbara Handler, hija de la creadora de Barbie-. Que nos recuerda la importancia de tener presente que nuestra belleza no se apaga al pasar los años, sino que resplandece cada vez más.
Simultáneamente, Ken queda anonadado por los vastos edificios -mismos que son una representación fálica gracias a la audaz elección de planos contrapicados-, y más allá de ello, se percata del importante papel que juegan los hombres en todo aspecto que él veía ocupado únicamente por las mujeres en Barbieland. Por esta razón se da a la tarea de conocer sobre el patriarcado -sistema predominante en el mundo real-, y una vez con la información sacada de libros, lleva el patriarcado a su mundo con el objetivo de iniciar una rebelión contra las Barbies.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
Entre tanto, Barbie conoce a Sasha (Ariana Greenblatt) y en un desafortunado ataque verbal por parte de Sasha, Barbie cae en cuenta de que la niña que creía que jugaba con ella se había convertido ahora en una rebelde adolescente que a palabras suyas ya la había olvidado, rompiendo las ilusiones del valor e influencia que ella creía tener para transformar la sociedad de este mundo. Ahora atónita, se percata de no ser tan relevante como pensaba y que al contrario, generó una serie de inseguridades hacia las infancias femeninas quienes jugaron en su momento con ella debido al estereotipo físico que se les impuso a la llegada de la muñeca.
Sino era Sasha quién jugaba con ella en este mundo, ¿entonces quién? Abatida por el golpe de realidad y casi que como de un milagro se tratara, es buscada por Mattel, oportunidad que aprovechará para pedir ser devuelta a Barbieland.
Estando dentro de las oficinas de Mattel conocemos al CEO de la empresa (Will Ferrell) momento que no debe dejarse pasar desapercibido puesto que no sólo es una escena ridiculizando a la compañía, sino también es una sátira en sí misma criticando a las empresas lideradas por hombres; en las que al tener desconocimiento en cuanto a la creación de productos de cualquier índole enfocada y dirigidas al público femenino existirán sesgos sobre lo que genuinamente nosotras deseamos y necesitamos, pues un hombre nunca entenderá nuestras necesidades puesto por el simple hecho de no ser mujer, y dentro del sistema patriarcal que nos oprime se nos ha enseñado cómo ser, lucir, y cómo tenemos que dirigirnos hacia el mundo, siempre en beneficio del género masculino, dejando nuestras opiniones y puntos de vista en segundo término.
Posteriormente, se nos revela que quien en realidad tenía estos desafortunados pensamientos era la mamá de Sasha, Gloria (America Ferrera) una ejecutiva que trabaja en la empresa Mattel. Gloria es una adulta que aún y con obligaciones encima suyo, busca a través de los bocetos que hace sobre Barbie, un medio de expresión, dibujándola como una muñeca que se viera y sintiera como ella; encontrando la manera de hacer catarsis de todo aquello que le agobia, logrando ese sentido de liberación con respecto a las exigencias que como mujer, la sociedad le exige -y esto queda claro en su poderoso monólogo sobre lo difícil que es ser mujer en la vida real-.
Madre, hija y Barbie deciden emprender un viaje a Barbieland pues a Gloria le hace mucha ilusión conocer su mundo.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
En este punto de la trama, nos embarcamos en otra caótica aventura puesto que Ken al ver sido el primero en regresar, encontrarán su mundo de cabeza dónde ahora ellos tienen el control total de todo su entorno, inclusive de las Barbies -a excepción de Barbie rarita-, que al haberles lavado el cerebro, ahora están al servicio de las exigencias y complacencias de cada uno de los Kens; el fastidioso desafío de Barbie estereotípica será devolver Barbieland a su estado habitual.
Gracias a Gloria y su poderoso mensaje, consigue desprogramar a cada una de las Barbies que habían caído ante las manipulaciones de los Kens. Las Barbies (y Allan) -el único personaje masculino dentro de Barbieland que no cae en el sistema de dominio que Ken comparte para sobajar a las mujeres-, se une a ellas para derrocarlos. Las Barbies, ahora empoderadas, accionan contra ellos con unas tácticas infalibles que concluirá en colocarlos a todos en una guerra -que a ojos de los Kens, servirá para medir su valía, medida en la masculinidad que han ido cimentando gracias al patriarcado-.
En este punto se agradece que Greta haya hablado sobre el mansplaining (hombres demeritando nuestras capacidades para realizar las cosas, como si fuéramos incapaces de pensar o hacer cualquier cosa sin su ayuda o sin que antes, ellos nos lo expliquen todo de una forma condescendiente o paternalista, aun y cuando nosotras dominemos el tema, incluso, mejor que ellos); ejemplificandolo perfectamente en la escena en la que los Kens quieren enseñarles a las Barbies a practicar un deporte, o cuando Ken quiere explicar la pelicula ‘El Padrino’, -en esta parte me pregunto la cantidad de mujeres que hemos tenido que atravesar por la misma nefasta situación-.
Barbie (2023) dir. Greta Gerwig
El desenlace es inesperado, dado que al haber colocado a Ken en un principio como el antagonista, ahora se le cuestiona su motivo de existir más allá de ser la pareja de Barbie, incitándolo a la emancipación y a la búsqueda de su propia identidad, dejando la incógnita abierta: “¿Quién es Ken?”
Barbie no le habla sólo a las mujeres, sino también a los hombres. Barbie es una crítica a cómo ambos géneros nos relacionamos mutuamente; sobre los comportamientos, ideologías y creencias que tenemos que romper y deconstruir para comprendernos mejor los unos con los otros. Barbie habla sobre la urgencia por reconocer nuestras diferencias, aceptarlas y abrazarlas.
Es necesario recordar que una de las tantas funciones otorgadas al cine es compartirle un mensaje al público y sí dicho mensaje es tan poderoso, logra causar un impacto e indiscutiblemente, Barbie ha alcanzado ese fin de cabo a rabo.
Barbie es subversiva por el mero hecho de haber incomodado al espectador. Sí incomoda, es porque movió algo (o mucho) dentro de uno mismo. Queda obligatorio preguntarse sí la incomodidad que sentimos la utilizaremos para transformar algo dentro de nosotros o si sólo la dejaremos pasar de largo.
Pocas veces hemos visto en la historia del cine una expectativa tan grande como la que generó el lanzamiento simultaneo de “Barbie” y “Oppenheimer”. Algo que comenzó como un juego de venganzas entre el director Christopher Nolan y su anterior productora, Warner Bros Pictures, se volvió un fenómeno entre cinéfilos denominado: Barbenheimer. Según se cuenta, Christopher Nolan, en desacuerdo por el poco control que tuvo en la distribución de su película pasada, “Tenet”, decidió emigrar a Universal Studios, algo que Warner no perdonó, y quiso castigar robándole la taquilla a “Oppenheimer”, con el estreno simultáneo de “Barbie”. Sin embargo, nadie hubiera sido capaz de predecir que el mundo del cine convertiría esta rivalidad en una celebración que quedará para la historia. Por supuesto, esto fue aprovechado por los equipos de marketing de todas las empresas involucradas en la distribución de dichas películas, convirtiendo el 20 de julio de 2023 en una especie de Día D para el cine. Y henos aquí, a solo un par de días de esos lanzamientos que nos prometieron como “gloriosos”, para analizar si Barbenheimer fue, en efecto, todo lo que nos contaron, o si solo fue, como diría el refranero mexicano: pura llamarada de petate. En este análisis trataré de esclarecer esa cuestión, limitándome a la parte que corresponde a “Oppenheimer”.
L to R: Cillian Murphy (as J. Robert Oppenheimer) and writer, director, and producer Christopher Nolan on the set of OPPENHEIMER.
De entrada, la expectativa que generó esta película es absolutamente entendible; tanto que, aún sin la ayuda del fenómeno Barbenheimer, habría sido muy esperada. Esto se debe, principalmente, a dos razones: 1) Christopher Nolan es, sin duda, uno de los mejores cineastas de nuestra época, y 2) Robert Oppenheimer es, quizás, el científico más influyente en la historia de la civilización. Lo primero, pocos lo cuestionarían, pero lo segundo requiere una mayor explicación. Dicho de forma simple, pese a que Oppenheimer no fue un físico tan prodigioso como lo fue Newton o Einstein, sí fue el científico que ha estado más cerca de acabar con toda la humanidad. La creación de la primera bomba atómica es claramente el inicio de una nueva era geopolítica, y la consolidación de los Estados Unidos como los emperadores del trono del miedo. Es sabido que “Star Wars”, con su estrella de la muerte, intenta hacer una metáfora de ello. Dicho esto, el interés de Christopher Nolan en rodar un filme sobre este sombrío personaje es algo que no habría podido pasar desapercibido.
Mucho se dijo en redes que este sería el mejor y más maduro trabajo de Christopher Nolan. Sin embargo, desde los trailers que se iban liberando a medida que se acercaba la fecha de estreno, se dejaba entrever que el enfoque que tenía esta película era un tanto condescendiente con la figura de Oppenheimer. Y así lo fue. Un personaje tan sombrío que poco tiene que ver con Prometeo, y cuyo arrepentimiento se antoja irrisorio, se retrata como un héroe trágico al más puro estilo del teatro griego. El Oppenheimer de Nolan es una calca de lo que este cineasta nos mostró en “Batman: el caballero de la noche”; un hombre que intentó enfrentar al mal con nuevos poderes, y terminó lleno de remordimientos, traicionado y perseguido por la clase política. Esta interpretación es, hasta cierto punto, entendible, pues “Oppenheimer” no deja de ser una visión británica basada en un libro norteamericano (“American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer” por Kai Bird y Martin J. Sherwin). Pero, aun haciendo un lado de esto, la película falla en una cuestión más fundamental: el guion.
L to R: Tom Conti is Albert Einstein and Cillian Murphy is J. Robert Oppenheimer in OPPENHEIMER, written, produced, and directed by Christopher Nolan.
El guion de “Oppenheimer” es accidentado. Lo cual es de extrañarse, pues Nolan nos tiene acostumbrados a excelentes guiones. Se percibe que el director no es experto en el tema, y se vio rebasado por la gran cantidad de información y datos históricos que engloban el proyecto Manhattan. Nolan pierde el foco de la historia constantemente, se percibe la desesperación de no saber a qué aspecto de la vida de Oppenheimer ponerle más atención: a su drama personal, a su drama profesional o a su drama histórico. La película coquetea todo el tiempo con estos tres temas, sin enfocarse plenamente en ninguno. Además, es innecesariamente larga; este filme podría ser de menor duración si se omitieran escenas que nada aportan a la trama, y parecen, más bien, un capricho del director para adornar la narración con easter eggs históricos. Por ejemplo, las apariciones de Gödel y Feynman me parecieron, en lo personal, encantadoras (pues admiro el trabajo de ambos), pero reconozco que nada aportan a la historia, y una persona fuera del nicho de la ciencia difícilmente las apreciaría.
Las escenas de la juventud de Oppenheimer también se antojan muy fuera de lugar. Son de ritmo rápido, tanto que no se alcanza a asimilar su trascendencia, y están llenas de referencias que solo un físico podría poner en contexto. Lo mismo pasa con las escenas que corresponden a la elaboración de la bomba atómica, en Los Alamos; son también muy rápidas y carecen de fuerzas antagonistas que introduzcan tensión e incertidumbre en la narración del desarrollo de la bomba. Ambas secciones se sienten, más bien, de corte documental. Las únicas escenas que son conducidas de forma adecuada son aquellas que corresponden a las audiencias posteriores al proyecto Manhattan. Es aquí donde sí vemos el poder narrativo de Christopher Nolan, acompañado de la extraordinaria decisión de intercalar el monocromo con el color. Aunque, también ha de decirse, que estas escenas requieren mucho contexto histórico, pues están sumamente cargadas de acrónimos y eventos que no se introducen en la narración.
Cillian Murphy as J. Robert Oppenheimer in OPPENHEIMER, written and directed by Christopher Nolan
A nivel de guion, lo que se lleva las palmas, sin duda, es la construcción del personaje de Albert Einstein, el cual, pese a tener breves y contadas apariciones, funciona como una especie de “Pepe grillo”, o consciencia perdida, de un confundido Oppenheimer. Son las palabras de Einstein las que, en realidad, son el eje de toda la trama. Cabe aclarar que, esta interpretación de Einstein también es bastante condescendiente con el Einstein histórico. Los diálogos de Oppenheimer con el presidente Truman, aunque breves, son igualmente destacables, y representan muy bien la frivolidad norteamericana que muy tímidamente se sugiere en el resto de la película.
La cinematografía y el diseño de producción de esta película son, como era de esperarse, sólidos. El haber recreado con éxito toda la instalación de Los Alamos es simplemente impresionante. Sin embargo, “Oppenheimer” no tiene la belleza visual de “Interestelar” o “Inception” como para ameritar el formato IMAX. La insistencia de Nolan por rodar (y presenciar) esta película en dicho formato es más bien un capricho megalómano. Hay que recordar que en el cine, y en el arte en general, la poética de los materiales debe estar subordinada a la trama, y no al revés. El formato de audiencias públicas y los constantes primeros planos en “Oppenheimer” hacen que la experiencia IMAX sea subexplotada e innecesaria para la narración (a menos que sea de vital importancia que observemos los poros en la piel de Cillian Murphy…). Los grandes maestros saben que el cine no es el arte de las imágenes bellas, sino de las imágenes necesarias.
OPPENHEIMER, written and directed by Christopher Nolan
“Oppenheimer” cuenta con un cast fuera de serie, y actuaciones que no decepcionan. Concuerdo con el resto de los críticos en que Robert Downey Jr nos regala la mejor actuación de su vida en esta película, sin que esto sea gran halago para el actor, ya que la vara nunca estuvo demasiado alta. En “Oppenheimer” vemos a Robert Downey interpretar a Lewis Strauss, un exmilitar y controversial político que, de hecho, es el único que nos da pistas sobre la verdadera personalidad de Oppenheimer, en un interesante soliloquio que pronuncia cerca del final de la película.
Muy probablemente Oppenheimer (y Barbie) arrasará con los premios Oscar, pues ya todos sabemos que la Academia se alinea a agendas dadas. Sin embargo, si hay algo en lo que esta película se merece, genuinamente, el Oscar, es en sonido. El diseño sonoro es muy creativo, y contribuye a crear atmósferas de tensión que le aportan muchísimo a la historia. Además, es encantador cómo se usa el sonido de detectores Geiger para adornar algunas escenas y acciones. Otro logro destacable de este filme es evita caer en el sensacionalismo de recrear explosiones nucleares en toda su repugnante magnitud. En “Oppenheimer” solo presenciaremos la prueba Trinity, y de una forma muy moderada. Además, las escenas donde se muestran festejos de las detonaciones, tanto de Trinity como de Little Boy, son también dirigidas con moderación, y se atreven a ilustrar la banalidad norteamericana omisa en el resto del filme.
En resumen “Oppenheimer” es una película con aciertos y errores, que vale la pena ver, sin duda, pero que no es ni de cerca el mejor trabajo de Christopher Nolan. Tampoco está a la altura del circo mediático del que ha sido objeto. Lejos de percibirse madurez, pareciera que Nolan olvidó que, en ocasiones, menos es más. Oppenheimer parece, más bien, un collage de todos sus trabajos anteriores, y de una serie de eventos históricos disconexos. Más que a Prometeo, esta película nos recuerda al monstruo de Frankeinstein, y nos demuestra que la unidad en una historia no puede fraguarse simplemente haciendo embonar todas sus partes. Dicho todo esto, al final, supongo que Barbenheimer es un fenómeno que lo único que refleja es lo hambrienta que está nuestra sociedad por consumir, idolatrar y darle sentido a un mundo conformista que, precisamente, Oppenheimer contribuyó a construir.
OPPENHEIMER, written and directed by Christopher Nolan
Krakens y Sirenas: Conoce a los Gillman (2023) dir. Kirk DeMicco
«Krakens y Sirenas», conocida originalmente como «Ruby Gillman, Teenage Kraken» (2023), es una animación vibrante que nos sumerge en el peculiar mundo de una Kraken adolescente viviendo en tierra firme, una premisa intrigante que se revela gradualmente a lo largo del relato. La película teje las vivencias de una adolescente «humana», enfrentándose a los dilemas comunes de la juventud: el baile de graduación, las mariposas por el chico popular, y el equilibrio de amistades, todo esto con un toque marítimamente místico.
Aunque «Krakens y Sirenas» ofrece una experiencia entretenida, la profundidad de sus personajes podría mejorar. Son sencillos, lo que dificulta la identificación del espectador y limita el apego emocional que se podría generar. A pesar de esto, la película tiene momentos de genuino humor y deja al espectador con reflexiones valiosas sobre la amistad, la familia, la adolescencia y la importancia de seleccionar con cuidado a nuestros allegados.
Nuestra protagonista, Ruby, encarna perfectamente las incertidumbres de la adolescencia. Aislada socialmente, encerrada en su círculo íntimo de amigos, y secretamente enamorada de un chico llamado Conor, Ruby es una Kraken peculiarmente entrañable. Su auténtica identidad aporta un elemento fantástico a la cinta, ya que abandona los estereotipos de las criaturas marinas para encarnar a un Kraken juvenil y cautivador.
(from left) Grandmamah (Jane Fonda) and Ruby Gillman (Lana Condor) in DreamWorks Animation’s Ruby Gillman, Teenage Kraken, directed by Kirk DeMicco.
Entre los personajes, destaca Chelsea, la sirena antagonista, cuya presencia altiva y divertida contrasta con la timidez de Ruby. Su interpretación da un giro a la imagen tradicional de las sirenas, al representarlas como seres con una malicia intrigante.
Aunque la trama no rompe moldes, su familiaridad no resta valor a sus temas universales: la autodescubrimiento, la búsqueda de aceptación, y el amor juvenil, todos enmarcados en un entorno fantásticamente marítimo. A lo largo de sus 90 minutos, la película permite a Ruby, y a su público, explorar el lugar que ocupa en el universo y su trascendencia frente al antagonismo.
«Krakens y Sirenas» es una película familiar que cumple su función de entretener y provocar sonrisas, un refugio seguro en un mar de opciones cinematográficas, ideal para una tarde tranquila en familia.
(from left) Ruby Gillman (Lana Condor) and Connor (Jaboukie Young-White) in DreamWorks Animation’s Ruby Gillman, Teenage Kraken, directed by Kirk DeMicco.
Un relato cósmico aderezado de un elenco multiestelar.
Asteroid City (2023) dir. Wes Anderson
De un cierto tiempo hacia el presente, digamos varios meses, el nombre de Wes Anderson ha recobrado importancia en las redes sociales, y esto se debe al famoso trending de cómo se verían ciertas películas si las dirigiera el cineasta texano, que con la ayuda de una app de inteligencia artificial, transformaba fotogramas de otras cintas en un intento de imitación del estilo de Anderson.
Pero la tendencia no solo se quedó ahí, sino que escaló al grado de, especialmente en la plataforma de tik tok, crear videos de situaciones cotidianas pero filmadas con el estilo del director. Esto por supuesto no fue del total agrado de Wes, pues se cansó de que le muestren videos cortos donde se intenta replicar su estilo.
Bajo este contexto se resalta esta anomalía virtual, especialmente por la atención que se le dio al responsable de grandes trabajos como El Fantástico Sr. Zorro (2009), pues su particular estilo de dirección ha logrado ser identificable a primera vista. Dos años después de su último trabajo con La Crónica Francesa (2021), la cual no gozó de la relevancia idónea, Wes regresa nuevamente para maravillar a sus fieles seguidores con Asteroid City (2023), película que cuenta con un relato cósmico integrado por un elenco de ensueño.
(L to R) Tom Hanks as Stanley Zak, Hope Davis as Sandy Borden, Tony Revolori as Aide-de-Camp, and Liev Schreiber as J.J. Kellogg in writer/director Wes Anderson’s ASTEROID CITY, a Focus Features release. Credit: Courtesy of Pop. 87 Productions/Focus Features
Planteando el argumento, este se sitúa en una ciudad ficticia, Asteroid City en 1955, donde se lleva a cabo el festival Junior Stargazer Convention, dedicado a la observación de fenómenos astronómicos, celebrado debido a que en el desierto de esta ciudad prácticamente inhabitable, cayó un asteroide que le da su respectivo nombre. Durante las actividades de la convención, el avistamiento de vida extraterrestre provocará un caos cósmico a cada visitante y residente de la ciudad que por supuesto, va a sacudir al mundo entero.
Un argumento lo suficiente insólito y peculiar que solo un cineasta como Anderson pudo idear, escribir y dirigir bajo su distintivo sello.
Dentro de esta narrativa vemos cómo se entrelazan los personajes. Por un lado, tenemos a Augie Steenbeck, fotógrafo y padre de 4 que recién quedó viudo. Un auténtico Jason Schwartzman retrata la conmoción de no saber cómo decirles a sus hijos que su madre no va volver. Por el otro lado, está Midge Campbell, actriz con crisis existenciales acerca de su carrera. Aquí vemos la belleza de Scarlett Johansson en su dualidad de madre y artista. El resto de los personajes entran y salen de pantalla para aderezar el relato que se va convirtiendo en un cúmulo de situaciones hilarantes.
Si se nombrara al multiestelar elenco que compone Asteroid City, la reseña abarcaría casi todo el texto en nombrarlos. Se puede hacer un resumen acerca del desempeño de todos los histriones en conjunto, pues cada uno cuenta con una participación fugaz en algunos casos, y en otras un poco más extensas. Se debe destacar la hazaña en los nombres que Wes pudo fichar para este largometraje, siendo un ensamble soñado para cualquier director y para cualquier cinéfilo verlo en pantalla.
Scarlett Johansson in director Wes Anderson’s ASTEROID CITY, a Focus Features release. Credit: Courtesy of Pop. 87 Productions/Focus Features
A pesar de contar con este impresionante apartado, un gran deleite de apreciarlo en una sala de cine, el impacto de la historia se desvanece en el espectador, debido a las múltiples conexiones entre los personajes, de los cuáles sus relaciones no logran explorarse a profundidad, desperdiciando el enorme potencial que existe en sus interacciones.
No obstante, como es costumbre, el estilo y sello característico de Wes está ahí. Desde su genial puesta y movimientos de cámara, hasta su saturada paleta de colores en su fotografía, el apartado técnico es un agasajo audiovisual.
Al final, Asteroid City (2023) no llega a impactar al nivel de El Fantástico Sr. Zorro (2009), Isla de Perros (2018), El Gran Hotel Budapest (2014) o Un Reino Bajo la Luna (2012) por citar ejemplos de la década pasada, pero aquellos fieles seguidores del director van a disfrutar de un viaje extra divertido con una invitación a reconsiderar nuestros vínculos más personales.
El pasado 6 de julio, la Cineteca Nacional fue sede de la función y conferencia de prensa de «Blanquita», la más reciente película del director Fernando Guzzoni, una coproducción entre Netflix, Chile, Francia, Luxemburgo y México. Acompañado del productor Pablo Zimbrón Alva, y del periodista de cine Arturo Magaña Arce, Guzzoni expuso los aspectos más destacados y desafiantes de esta obra, ganadora del premio al Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine de Venecia 2022 y seleccionada por Chile para contender como mejor película extranjera en los premios Oscar.
Basada en hechos reales, «Blanquita» nos sumerge en la historia de Blanca, una joven de 18 años que vive en un albergue para menores que han sido víctimas de abuso, dirigido por el sacerdote Manuel. Cuando Manuel decide denunciar una red de trata que involucra a importantes empresarios y políticos ex-pinochetistas, se destapa un escándalo del que Blanca se vuelve la principal protagonista. Pese a que el caso va evolucionando a favor de las víctimas, un repentino cambio de Fiscal hará que el testimonio de Blanquita empiece a tambalearse.
Blanquita (2023) dir. Fernando Guzzoni
En pocas palabras, y sin spoilers, «Blanquita» explora el conflicto derivado de una ética difusa. En esta película se desafía el compromiso que, por convención, tenemos con la verdad (imperativo categórico), y se considera la posibilidad de que una mentira, en determinadas circunstancias, pueda convertirse en un instrumento de justicia (utilitarismo). Además, la relación de Blanca con el sacerdote Manuel plantea preguntas sobre los excesos a los que se puede llegar cuando se busca la justicia sin freno y hasta por vanidad.
Con un guion sólido, una cinematografía impecable y la cuidadosa dirección de Guzzoni, «Blanquita» es, sin duda, una película imperdible y una alternativa al cine de consumo que veremos desfilar este verano. Pese a que trata temas complejos que podrían llegar a ser fuertes para algunos espectadores, el director no cede a la comodidad de los lugares comunes en este tipo de filmes; por ejemplo, el uso injustificado de violencia gráfica. En términos narrativos, el trato que se le da a las víctimas es muy cuidadoso, pues tampoco cae en la revictimización.
Lejos de lo estrictamente cinematográfico, este trabajo tiene una cualidad destacable: es una película honesta. Es de admirarse la autenticidad con la que Guzzoni construye a sus personajes, renunciando a la complacencia y al maniqueísmo, dándoles dimensión a través de sus humanas contradicciones. Esto, aunque parezca la norma, es de hecho cada vez más raro, gracias a la cultura de la cancelación. Gran parte del cine de denuncia actual es vulgarmente panfletario y carente de autocrítica. Por eso, se agradecen profundamente visiones valientes, como la de Guzzoni.
Blanquita (2023) dir. Fernando Guzzoni
En conferencia de prensa, uno de los asistentes le preguntó a Guzzoni si no consideraba que su película le daba un mensaje incorrecto y desalentador a las víctimas de abuso que buscan la impartición de justicia, a lo que el director respondió (con otras palabras, que me permito parafrasear) que dar mensajes moralizantes no es la responsabilidad de un cineasta, sino retratar la realidad con toda su crudeza y complejidad. Y eso, lectores, es la forma correcta de hacer cine.
Blanquita se estrenará el próximo 13 de Julio en las salas de todo el país, y, por supuesto, en la Cineteca Nacional.
Post Mortem: Fotos del Más Allá (2021) dir. Péter Bergendy
«Post Mortem: Fotos del Más Allá» es una película de terror sobrenatural dirigida por Peter Bergendy y producida en Hungría en el año 2020. Destaca el hecho de que esta película fue seleccionada como la entrada húngara para competir en la categoría de Mejor Largometraje Internacional en los 94 Premios Óscar. La trama se desarrolla durante el final de la Primera Guerra Mundial y sigue la historia del soldado alemán Tomás, quien es dado por muerto en el campo de batalla, pero regresa a la vida tras de experimentar una visión de una niña (Anna). Después de la gran guerra, Thomás se une a una feria itinerante, en la que se desempeña como fotógrafo post-mortem. Entre sus viajes, Tomás se reencuentra con Anna, esta vez cara a cara, quién le pide ir a fotografiar a los difuntos de su pueblo, una pequeña comunidad húngara afectada por una pandemia y plagada de fantasmas, con el fin de que estos puedan alcanzar la paz.
El diseño de producción de este filme es notable, ya que logra recrear de manera efectiva la atmósfera de los pueblos húngaros afectados por la guerra, transmitiendo una sensación de tierra estéril, olvidada, puritana y en constante duelo. De hecho, la película en sí misma podría entenderse como una metáfora del sufrimiento de los pueblos húngaros a lo largo de la historia europea. Los esfuerzos del departamento de foto, arte y vestuario se reflejan en la creación de este entorno. Además, el maquillaje también es algo destacable en este trabajo, especialmente cuando se utiliza para dar un aspecto macabro a los cadáveres fotografiados por Tomás. Los efectos especiales, por otro lado, son modestos, pero cumplen en no dar una sensación de falsedad.
Post Mortem: Fotos del Más Allá (2021) dir. Péter Bergendy
A pesar de todo lo anterior, la historia en sí no ofrece nada fuera de lo común y recurre a los lugares comunes del cine de terror. Esto sin contar que la trama avanza a través de una serie de acontecimientos predecibles y convenientes, sin ofrecer grandes momentos de suspenso o giros inesperados. La idea de utilizar la fotografía analógica como eje narrativo prometía mucho, pero desafortunadamente se abandona rápidamente en favor de mostrar espectros sin dejar espacio para la sugerencia. Cabe mencionar que esta película presenta ciertos elementos que evocan por momentos a «Sleepy Hollow» de Tim Burton.
En resumen, «Post Mortem: Fotos del Más Allá» es una película en la que se nota el esfuerzo del equipo de producción y es técnicamente sólida. Sin embargo, presenta deficiencias en el guion al contar una historia lineal y predecible, y no logra generar situaciones de suspenso efectivas. Aunque este filme no logra convencer en su totalidad, es importante reconocer y apoyar este tipo de esfuerzos cinematográficos, pues son una valiosa alternativa a la hegemonía del cine de terror estadounidense, el cual a menudo carece de calidad, pero es consumido masivamente debido a estrategias de marketing y a su posición de monopolio en la industria.
«Post Mortem: Fotos del Más Allá» s actualmente está disponible en cines mexicanos.
Entre imágenes familiares, heridas y la inherente necesidad creadora del ser humano nos enfrentamos al Teorema de Tiempo
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Andrés Kaiser creció con la idea de que su abuelo Arnoldo había sido un músico exitoso gracias a una fotografía de antaño, que lo mostraba a él y a una banda de muchachos sonrientes detrás de instrumentos clásicos de una big band orchestra, entre ellos un bombo de batería con las palabras “Kaiser y su famosa orquesta”. Las fotografías (y más las fotografías de álbum de hace años) no mienten, ¿verdad? Son lo que son a pesar del paso del tiempo. Andrés meramente observó e interpretó lo que los datos visuales le revelaban: el porte y la expresión satisfecha de su abuelo, rodeado de sus compañeros artistas, daba indicios de esa particular felicidad que sólo se evidencia cuando uno hace lo que es feliz haciendo.
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Para el resto de su familia, sin embargo, esta imagen era un juego creativo más del abuelo Arnoldo, quien fue conocido por muchos años en San Luis Potosí como el dueño de una imprenta de libros contables por profesión…y nada más. Afortunadamente, la vida y el arte conducen a Andrés Kaiser hacia el edificio del negocio tras la muerte de su abuela Anita, en donde entre máquinas, cuadernos y recuerdos marcados por tinta y polvo, encuentra una cantidad exorbitante de fotografías y películas caseras. Este material lo guía hacia una nueva realidad que antes había sido inimaginable: además de impresores, su abuelo y abuela maternos fueron prolíficos cineastas caseros, y su abuelo Arnoldo se desempeñó, a veces con claridad y en otras ocasiones probablemente sin haberlo distinguido, como creador y personaje de tales fantasías.
Lo que llevo escrito pareciera ya tener los elementos para la sinopsis de una película de misterio, pero no es así: Andrés Kaiser, reconocido director mexicano contemporáneo (Feral) recopila, organiza y saca a la luz (junto con el editor Lorenzo Mora) invaluables archivos y horas de material audiovisual para compartirnos su Teorema de Tiempo (México, 2022), este documental sobre su familia materna que brilló en la edición 25 del Festival Internacional de Cine de Guanajuato y en el Festival Internacional de Cine Documental de Múnich 2022, y que llega a sentirse tan íntimo con todo lo que la intimidad conlleva: la fascinación, las incertidumbres, las cercanías, y por supuesto el dolor.
Arnoldo Kaiser (nuestro “protagonista” y abuelo del cineasta), es un hombre de ascendencia suiza que contrajo matrimonio con Anita Schlittler, y que más allá de la unión conyugal parecía mantener un interés común y artístico con su compañera: la creación escénica y narrativa a través de una cámara. Arnoldo, quien ya llevaba un rato filmándose a sí mismo en sus momentos de “soledad” dentro de su amplia residencia potosina, teniendo como aliados a su cámara y un tripié, encontró en su esposa Anita a la cómplice perfecta de sus aventuras, y también directora de sus películas caseras. Como espectadores (y hasta cierto punto, como cinéfilos), podemos disfrutar de un sinnúmero de propuestas audiovisuales que nos llevan de la mano con las ocurrencias de Arnoldo; desde contemplar una actuación de cómo despierta exageradamente en la cama y narra las peripecias que vienen después, hasta disfrutar de los bailes íntimos con su esposa y las escenas teatrales que creó con sus hijos, conforme iban llegando al mundo y creciendo. Incluso los inicios y contenidos de sus materiales han sido pensados cinematográficamente: acomodos de fichas con letras a manera de stop motion nos introducen a los títulos de sus ocurrencias, y ciertas voces de las y los participantes han sido dobladas posteriormente (intuyo por ellos mismos, por Arnoldo y, quién sabe, en algún punto hasta por el mismo Kaiser). Las voces no siempre concuerdan con la persona y el sexo, detalle que nos saca una risa genuina y enternecedora. Como seres humanos, por otro lado, es como si se nos fuese develando una verdad que nos divierte, conmueve, pero que también resulta dolorosa de digerir: pareciera que Arnoldo se mostraba sólo cien por ciento Arnoldo delante de la cámara. Es por esta razón que, a pesar de haber sido un hombre de carne y hueso, nos es imposible no entenderlo también como el personaje de un largometraje; un personaje con sueños, motivaciones y carencias que, buscándolo conscientemente o no, son robadas y escupidas de vez en cuando por su cámara casera. ¿Qué es verdad y qué no lo es durante y dentro de estos rodajes? ¿Las puestas en escena son meras creaciones con el fin de interpretarse? ¿La vida familiar de los Kaiser es siempre idílica y envidiable? ¿La existencia de Arnoldo gira alrededor de un guión predeterminado, o es su vida la que alimenta este duradero y cambiante argumento?
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Al principio de la cinta, cuando Andrés Kaiser nos comparte que su abuelo Arnoldo soñaba con convertirse en músico e intérprete, y que deseaba establecerse en Nueva York para perseguir estas inquietudes, nos informa también que nuestro protagonista se establece definitivamente en San Luis Potosí para hacerse cargo de la imprenta familiar. Es en este espacio que Arnoldo decide, en vez de letras y palabras, estampar su vena artística junto con sus empleados; los viste de músicos y se toma fotos con ellos hasta con utilería, simulando una gran orquesta y sacando la sonrisa de todos los presentes. Posteriormente, hace reuniones en donde su quórum se disfraza y la cámara capta imágenes de bailes, celebración y bebidas con brindis por la felicidad. Y es que a lo largo de Teorema de tiempo nos vamos preguntado una y otra vez lo mismo: ¿es esta felicidad un reflejo fidedigno de la existencia? ¿O es una desesperada búsqueda interior a través de la cinematografía?
Lo que sí es evidentemente visible, es la titánica y ordenada labor que Andrés Káiser y Lorenzo Mora llevan a cabo para que el montaje del material familiar sea la estrella de esta producción; las diversas fotografías y filmaciones en la seguridad del hogar, durante los viajes realizados, e incluso los testimonios a voz de familiares que pudieron compartir tiempo y vida con Arnoldo y Anita, nos van ayudando a construir este rompecabezas de retratos y sentimientos en el que Kaiser intenta establecer un diálogo con un abuelo del que no tiene recuerdos sólidos. Afortunadamente, la tecnología se encuentra hoy de nuestro lado, y Kaiser ha sido capaz de digitalizar en 16 mm mucho del material obtenido para su película (por ahí dicen que incluso le quedan vastas horas en 8 mm, y estamos ansiosos por saber qué sucederá con este tesoro, que parece renacer con nuevo material cada que Kaiser vuelve a ponerle atención). El archivo completo, ya ordenado, ha sido resguardado por nuestra poderosísima Cineteca Nacional dentro de su proyecto Memoria, bajo el nombre de la Colección Kaiser.
El símbolo de la familia se ha convertido, entonces, en un monumento que “solea” pero también armoniza para poder dar sentido a las voces de hace tanto tiempo atrás, y que continúan repercutiendo hasta el presente. Pero en contraste con las imágenes poéticas y teatrales de la infancia, la adolescencia y adultez de los hijos e hijas de Arnoldo y Anita no son inmunes a la huella del tiempo, pues ni ellos mismos se salvan de este recorrido inevitable: uno de los tíos de Kaiser es obligado a pasar sus años formativos en Suiza, sintiendo la lejanía de sus tierras, sus lazos sanguíneos y de su propia percepción de la realidad; otro persigue su sueño de convertirse en piloto aviador, profesión a la que jamás se dedica (nos preguntamos con tristeza por qué), y en algún punto fallece en manos del agua; las mujeres de la familia, entre ellas la propia madre de Kaiser, evolucionan más apegadas a las expectativas de la época, y no nos atrevemos a especular acerca de sus aflicciones internas; Anita, maternando a todas las generaciones, va absorbiendo las pérdidas físicas y emocionales de quienes la rodean. El propio Arnoldo se enfrenta a vivir poco a poco su ocaso, y con éste, va dejando atrás a Arnoldo el creador, al cineasta y al relatador de historias para permanecer únicamente como Arnoldo el marido, el padre y el abuelo. Es probable (me aventuro a decir que es seguro) que esa vena de ingenio e imaginación artística haya pasado intacta de Arnoldo hacia su nieto Andrés, quien, aunque no es “autor” de esta historia, es sin dudas el conducto que la extiende y la nutre hacia nosotros.
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Cuando la cinta va acercándose a su final, y ya teniendo (aparentemente) los datos y sus conexiones más claros, nos resulta ineludible pensar en el nombre que el cineasta ha elegido para este relato: si buscamos una definición acertada, un teorema es una proposición en la que, partiendo de ciertas suposiciones, podemos afirmar de manera comprobable un resultado que, por sí mismo, no es evidente. Y es que pocas cosas de este largometraje, inundado de sentimientos, símbolos y palabras que vienen desde la experiencia y el corazón, nos son evidentes; tanto así que necesitamos del ojo clínico (y amoroso) de Kaiser para ir entendiendo las pistas de este montaje audiovisual, en el que ciertos detalles parecen verdades objetivas, y muchos otros asemejan los juegos de creación y ficción tan anhelados y reproducidos por el abuelo Arnoldo y sus secuaces. En Teorema de Tiempo,podemos afirmar de manera comprobable lo siguiente: que el ser humano tiene una inherente necesidad creadora y expresiva, y que esa necesidad nos puede orientar a entender lo más profundo de los sueños, las frustraciones y las miles de personalidades que surgen dentro de uno mismo cuando nos confrontamos a nuestra propia mirada, y a la mirada del otro. Casi al final del documental, Andrés Kaiser hace un último análisis forense de su abuelo; en una fotografía del patriarca vestido con traje elegante y sujetando un violín, todo parece ser real hasta que observamos los pequeños detalles: algunas características de la cabeza contra el fondo, el ángulo del arco del instrumento y la localización de ciertas sombras, apuntan a que la fotografía fue alterada de cierta manera. Apuntan a que la fotografía puede ser un fraude, una mentira. Pero si pensamos mejor que, por el contrario, es la reveladora de toda la verdad de un deseo interior que jamás se fue, nos damos cuenta que una imagen sí puede manifestarnos una realidad completa y compleja. Tal y como Andrés Kaiser compartió durante una entrevista en 2022, “todos tenemos una historia familiar y todos tenemos heridas. Pueden ser más evidentes o más veladas, pero todos tenemos heridas en nuestra historia, en la mía es el caso. Como yo decidí contarlo, después de muchas vueltas y de preguntarnos cómo dar un orden a un archivo tan vasto y tan inconexo, fue a través de la propia historia familiar”.
Teorema de Tiempo (2022) dir. Andrés Kaiser
Teorema de tiempo, documental también ganador del premio al Mejor Largometraje Mexicano en Ficmonterrey 2022, se levantó como la proyección de apertura en el 42 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, que se presentará a partir del próximo 29 de junio y hasta el 16 de julio de 2023, entre diversas cintas mexicanas e internacionales que cualquier cinéfilo de corazón necesita y debe conocer. En este caso particular, concluimos que entre juegos con la verdad y lo ficticio nos es posible revelar las inquietudes más arraigadas de nuestra persona, aunque no siempre parezca ser éste nuestro objetivo.
El 42 Foro Internacional se llevará a cabo del 29 de junio al 15 de julio, para continuar su recorrido en el Circuito Cineteca a partir del 17 de agosto. Además, desde el 26 de julio la programación tendrá un recorrido en sedes de la UNAM (Sala Julio Bracho del CCU y Cinematógrafo del Chopo), a la que se seguirán sumando más sedes
Los precios en Cineteca Nacional son los habituales, $60 entrada general, y los boletos del Foro ya están disponibles directamente en taquilla, en la app oficial del recinto o en el sitio web. Consulta toda la programación del 42 Foro Internacional en www.cinetecanacional.net
Como cada año desde sus inicios en 1980, el Foro Internacional de Cine llega a la Cineteca Nacional, para traernos lo más arriesgado y radical del cine internacional contemporáneo. Con una selección de 13 largometrajes provenientes de más de una docena de países invitados, el recinto de Xoco busca promover propuestas cinematográficas poco convencionales.
La selección de películas se presentó en conferencia de prensa el pasado lunes 19 de junio, en presencia de Alejandro Pelayo, director general de la Cineteca Nacional, y Nelson Carro, director de Difusión y Programación de la misma institución. Se destacó que este tipo de muestras son de gran relevancia para la difusión del cine, ya que ponen al alcance del público trabajos que no son fáciles de encontrar ni en salas de cine ni en plataformas de streaming. Otro dato significativo en el que se hizo énfasis es que, en la presente edición de este foro, más de la mitad de les directores son mujeres. Esto quiere decir, nos comenta Nelson, que cada vez hay más mujeres haciendo cine.
Foto: Pablo Bastida
Representando a México, e inaugurando el Foro, se proyectará la cinta “Teorema de tiempo», de Andrés Kaiser, segundo largometraje del cineasta. En “Teorema de tiempo”, Kaiser documenta parte de su historia familiar, especialmente la de sus padres, para mostrarnos que el cine, y el drama en general, son inherentes a la necesidad humana de entender nuestro papel como personajes del teatro de la realidad. Tendremos una reseña más completa al respecto próximamente; ¡estén al pendiente de nuestra página y nuestras redes!
En la conferencia, también se destacaron dos documentales: «De humani corporis fabrica» (Francia-Suiza-Estados Unidos, 2022) y «Nos vemos el viernes, Robinson» (Francia-Suiza-Irán-Líbano, 2022). El primero es un viaje al interior del cuerpo humano con ayuda de cámaras e instrumentos de alta tecnología. En palabras del propio Alejandro, se trata de una inmersión entre la belleza y el horror que, sin recurrir a elementos de ficción, nos recuerda la película “Fantastic Voyage” de Richard Fleischer. Por otro lado, «Nos vemos el viernes, Robinson» nos muestra un diálogo epistolar entres dos gigantes del cine: Jean-Luc Godard y Ebrahim Golestan.
El 42 Foro Internacional se llevará a cabo del 29 de junio al 15 de julio, para continuar su recorrido en el Circuito Cineteca a partir del 17 de agosto. Además, desde el 26 de julio la programación tendrá un recorrido en sedes de la UNAM (Sala Julio Bracho del CCU y Cinematógrafo del Chopo), a la que se seguirán sumando más sedes
Los precios en Cineteca Nacional son los habituales, $60 entrada general, y los boletos del Foro ya están disponibles directamente en taquilla, en la app oficial del recinto o en el sitio web. Consulta toda la programación del 42 Foro Internacional en www.cinetecanacional.net
Jennifer Lawrence interpreta a una millenial en supervivencia (como todos nosotros…)
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Pareciera que los millenials estuviéramos consumidos por un objetivo en común: sobrevivir. Sobrevivir a la crisis económica, a los demonios existenciales y a las corazonadas interiores que nos piden a gritos reconocer y afrontar nuestras carencias emocionales, aunque esto nos aterre. Esto es lo que, a grandes rasgos, le ocurre a Jennifer Lawrence en “Hazme el favor”, esta comedia “incómodamente divertida” de Gene Stupnitsky (Chicos Buenos, Malas Enseñanzas), en donde la actriz le da vida a Maddie y nos lleva de la mano como una millenial intensa de 32 años, algo perdida en rumbos y con la que nos podemos relacionar sin problema, en la que presionada para poder pagar la deuda que tiene sobre su casa (ya su único vínculo con su madre), termina involucrándose con un joven tímido y antisocial pero que esconde, al final del arcoíris y como un cofre de tesoros, el preciado objeto que podría poner fin a sus dificultades: ¡¡¡un auuuuuto!!! (léase con la emoción de antaño de “Atínale al precio”).
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
A través de la agradable música y los encuadres ocurrentes de la cinta, vamos conociendo la historia de Maddie, quien pasa parte de su tiempo como chofer de Uber en su pueblo natal de Montauk, Nueva York, del que nunca ha salido, y esto porque la otra parte lo invierte siendo bartender, lidiando con turistas groseros y escapando de sus corajes por medio de su tabla de surf, y mediante las pláticas y cigarrillos que comparte con sus mejores amigos, una chica embarazada (Natalie Morales) y el simpático “man child” que ésta tiene por esposo (Scott McArthur). Sin embargo, Maddie parece estar atormentada por unas de las maldiciones de la vida moderna: la falta de responsabilidad afectiva y la incapacidad para entregarse y vulnerarse en sus relaciones (léanlo otra vez sin llorar, sniff sniff).
Cuando Gary (Ebon Moss-Bachrach), un chico ghosteado y dependiente que maneja las grúas de la zona y quien, para su mala suerte, salió y se clavó con Maddie no mucho tiempo atrás, llega para confiscar su auto y parcial medio de subsistencia, Maddie se ve en la penosa necesidad de tomar una oferta de “trabajo” poco convencional: unos padres millonarios ofrecen un auto como recompensa final para una chica joven que pueda ser la pareja de un chico con problemas de socialización, y ayudarlo así a desarrollar la personalidad que le servirá para su próxima vida de universitario. Pareciera muy fácil, ¿no? Incluso tendría que ser una broma. Pero cuando Maddie llega a la lujosísima mansión veraniega Becker (tras casi morir en el cómico intento por ascender la colina con patines, pobrecilla), es que la magia cinematográfica y las armonizaciones vocales de esperanza nos introducen al elegante Buick Regal de la familia, el objeto de deseo de nuestra protagonista. Claro que, como todo objeto de deseo, el coche es mucho más que un coche; este tesoro es también independencia, triunfo, y por qué no: un muy añorado, aunque inconsciente en este punto, cambio de rumbo.
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Los Becker (interpretados por los carismáticos Matthew Broderick y Laura Benanti) son una pareja dulce y amable sumamente preocupados por la vida social de su hijo Percy (con una sólida y conmovedora interpretación de Andrew Barth Feldman). Tomemos en cuenta que lo dulce y amable no quitan ni lo whitexican, ni el hecho de que su inquietud parental trasciende los límites de la intimidad con su único hijo (pero bueno, muchos de nosotros crecimos con papás “boomers” y conocemos del asunto). Tras explicarle a Maddie que su deseo es que la chica “salga” (con todo lo que implica la palabra) con Percy, y después de hablar sin tapujos de las condiciones – para nada Percy puede enterarse del plan – y la recompensa, Maddie se viste con su mejor faceta de femme fatale y se dirige a cazar al joven de 19 años a la tienda de adopción animal en la que está trabajando.
Aquí es que tenemos la necesidad de hacer una pequeña pausa: ¿Una chica de 32 años cortejando a un chico de 19? Es cierto, ambos tienen la mayoría de edad, pero si invirtiéramos los roles de género, esta situación nos resultaría bastante difícil de dirigir, por no decir detestable (ok, pero es una comedia “incómodamente divertida”, así que intentamos mantener la atención en el objetivo principal, al que ya llegaremos). En esa tienda, Maddie conoce a Crispin, ese amigo muy extraño, pero entrañablemente confiable (y atinadamente interpretado por Jordan Mendoza), a un perro ex adicto a la cocaína (qué moderno), y poco después termina intoxicada con gas pimienta (amiga, date cuenta: ¿¿qué esperas cuando llevas a un chico de paseo en una van rentada llena de cuchillos para filetear pescados??). Tras esta singular introducción, sin embargo, nuestros protagonistas acuerdan reencontrarse. Y es en cada encuentro que Maddie trata de seducir a Percy utilizando variedad de recursos: actitudes sensuales, palabras sucias, bailes exóticos y las muestras de su atractiva silueta van apareciendo por doquier. No obstante, estos aparentes “inservibles” intentos nos van revelando que, tal y como nos estamos percatando más y más en este siglo, el sexo no es el motivante de mayor trascendencia para muchas de las relaciones humanas, y nos encontramos con una verdad dolorosa: aunque muertos de miedo y casi siempre evitándola, los humanos ansiamos la intimidad interpersonal. Es esto lo que, en palabras más simples, Percy repite a Maddie: “quiero conocerte más”, es la frase que usa antes de si quiera pensar entregarle su cuerpo a una desconocida.
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Con el paso de la cinta, también se nos va revelando que Percy exhibe las actitudes que muchas mujeres buscamos en los hombres, y que apreciamos se visibilicen a través del cine: tiene interés en conocer los afectos y dolores de Maddie, e incluso le pregunta por su consentimiento antes de darle una torpe y robótica nalgada en el trasero (eso pueden hacerlo sin preguntar dentro de una relación consensuada, chavos, pero por fines de exposición y educación se agradece un buen que una película muestre a un muchacho tan considerado). Pero lo que realmente necesita Percy, más allá de un encuentro sexual, es romper los temores hacia lo nuevo y lo inesperado de la vida, y es justamente Maddie la que parece encarnar en sí misma los deseos más profundos – aunque aterradores – del joven: en una escena excelentemente lograda, Jennifer Lawrence baila al ritmo de “Maneater” (Come Hombre) mientras que, completamente desnuda (lo cual percibimos a full a través de distintos encuadres), les cae a golpes a unos chicos imprudentes que intentan arruinar el encuentro amoroso bajo el mar de los protagonistas. Es en este momento que Maddie se consolida como la materialización de los deseos y de los temores de Percy: está súper loca, pero esta locura es al mismo tiempo estimulante y preocupante.
Lo que resulta interesante y complejo a la vez, es también observar cómo lo que empieza como un “trabajo” para Maddie, la enfrenta a sus demonios interiores: va formando un lazo con Percy, lo desee o no, y este lazo le va reflejando sus carencias afectivas. Cualquier momento de intimidad entre ellos despierta un dolor pasado y resurge la amenaza de peligro; un simple juego con un “atrapadedos” acompañado de un “así estaremos juntos para siempre”, evidencia la completa incomodidad de la protagonista hacia la intimidad. Y no está demás, pues su mismo padre, quien vive felizmente en otro sitio con su primera familia, ni siquiera ha abierto la carta que hace tantos años Maddie le envió para saber porque no lo quiere en su existencia; el dejar entrar a la gente en tu vida, por tanto, se instaura como un camino inevitable al dolor. Claro que todo esto no evita que el vínculo entre Maddie y Percy se profundice: ya sea escuchándolo cantar y tocar el piano por primera vez o crasheando en una fiesta de preparatorianos para frustrarle que pierda la virginidad con otra chica, Maddie no puede evitar sentirse vulnerable, y Percy no puede evitar sentir cómo Maddie lo va alejando por lo mismo.
El punto drástico de esta cinta llega cuando, por accidente y gracias a la bendita tecnología, Percy escucha una llamada por celular entre Maddie y sus propios padres, enterándose de todo lo que en ese momento parece ser la verdad: Maddie sólo lo está utilizando por la promesa de un auto. Tras un incómodo intento por culminar un acto sexual con Maddie que no se logra, y después de destruir el Buick Regal junto con Crispin en un arranque de furia (pero da risa, así que se le perdona), Percy vuelve a aislarse en sí mismo, mientras que Maddie repara el carro, regresa al trabajo y salva su casa (otra forma diferente de aislamiento). Pero las verdades pesadas han sido dichas y para eso no hay vuelta atrás: ahora Percy sabe que algunas conexiones vienen con un precio, y Maddie (por boca de Percy) sabe que la herida de su padre ya no puede ser pretexto para escapar de la realidad.
Hazme El Favor (2023) Dir. Gene Stupnitsky
Si bien su relación parece perdida, los protagonistas se encuentran previo a la partida de Percy hacia la universidad, y con unos breves pero profundos textos frente al mar y un abrazo que dice más de mil palabras, reafirman lo que los espectadores anhelábamos desde el principio (y no, no era una cogida esplendorosa): la consolidación de una amistad que los impulse a ambos a dar el siguiente paso en su vida, pero con más seguridad (porque los temores, queramos o no, suelen acompañarnos).
Con un tratamiento fresco, moderno e identificable, “Hazme el favor”, la cual estará en cines a partir de este 22 de junio, logra un final feliz para sus participantes: Maddie vende su casa a la pareja de amigos que espera un hijo, y con esto sella su destino para lanzarse a recorrer con su tabla de surf las aguas de California, un sueño de antaño que por fin se siente capaz de lograr. Con una última y emocional escena, vemos partir a Maddie y a Percy juntos, cada quien hacia su camino pero con posibilidad de reencontrarse, en lo que sin duda alguna será el último viaje de Maddie como conductora de Uber, despidiendo en la carretera las imágenes y cicatrices de un sitio seguro que por fin se atrevió a dejar atrás.